El objetivo de Riad es elevar progresivamente su capacidad de transporte terrestre hasta 10 millones de barriles diarios, desviando gran parte de su crudo hacia el mar Rojo a través del oleoducto Este-Oeste y otras infraestructuras. Para lograrlo, el Gobierno saudí plantea adaptar temporalmente un gasoducto para transportar petróleo, una medida que podría aportar hasta 1,2 millones de barriles diarios adicionales en apenas dos meses.
A medio plazo, Arabia Saudí prevé invertir en la modernización de estaciones de bombeo y en la ampliación de su red logística, con el fin de consolidar una alternativa estructural a Ormuz. El plan también permitiría aumentar las exportaciones y aprovechar el encarecimiento del petróleo, cuyo precio se ha disparado en los últimos meses.
Sin embargo, la estrategia implica riesgos. Concentrar gran parte de las exportaciones en unos pocos oleoductos podría convertir estas infraestructuras en objetivos prioritarios para grupos respaldados por Irán, pese al refuerzo de las medidas de seguridad.
Con esta apuesta, el mayor exportador mundial de crudo busca garantizar la continuidad de sus ventas al exterior y reducir su exposición a una de las rutas marítimas más sensibles del planeta.
