Antes de la crisis sanitaria, el endeudamiento avanzaba en torno a 30.000 millones de euros anuales. Sin embargo, entre 2020 y 2021 se disparó en casi 190.000 millones para hacer frente al impacto económico de la emergencia.
Lo preocupante es que, superada aquella situación excepcional, el ritmo de crecimiento no ha regresado a niveles previos. En los tres últimos años, la deuda ha seguido aumentando en torno a 60.000 millones de euros anuales, una tendencia que ha llevado al Banco de España a reclamar una mayor consolidación fiscal.
Según los últimos datos disponibles, la deuda pública alcanza ya los 1,74 billones de euros, frente a los 1,68 billones de un año antes. Aunque su peso sobre el PIB ha descendido del 102,3% al 99,9%, esta mejora responde al crecimiento de la economía y no a una reducción del endeudamiento, que continúa en máximos históricos en términos absolutos.
A este escenario se suma el encarecimiento de la financiación. BBVA Research prevé que el interés de la deuda a diez años siga aumentando durante los próximos ejercicios, mientras que Funcas estima que el coste anual de los intereses llegará a los 60.000 millones de euros en 2030, frente a los cerca de 40.000 millones actuales.
En definitiva, España ha logrado reducir el peso relativo de la deuda sobre su economía, pero sigue acumulando pasivos a un ritmo significativo. El verdadero reto será contener esa tendencia antes de que el incremento de los intereses limite cada vez más el margen de actuación de las cuentas públicas.
