Porque en el ya desaparecido de funny la cena incluía danzas típicas del pais. Con el Paso del tiempo otros muchos compatriotas se instalaron en Madrid, ampliando el conocimiento de su cocina. De entre ellos el mas conocido y con varios locales repartidos por Madrid es
Ahora, el relevo lo ha cogido Em Sherif. Su historia comienza en Beirut en 2011, cuando Mireille Hayek transformó una forma íntima y familiar de cocinar en un proyecto gastronómico. El nombre resume bien su filosofía: Em Sherif significa literalmente “la madre de Sherif”. La propuesta reivindica la cocina doméstica, las recetas heredadas, las mesas para compartir y una hospitalidad generosa que pronto traspasó fronteras.
Lo que nació como un restaurante en el barrio beirutí de Monot se convirtió, poco más de una década después, en un grupo con más de 35 locales en Oriente Medio, Europa y el norte de África. Madrid es la última incorporación a una lista en la que también figuran Londres, París, Mónaco, Dubái, Kuwait y Qatar.
La expansión también lleva la firma de Yasmina Hayek, hija de Mireille y actual chef ejecutiva del grupo. Formada en instituciones como Paul Bocuse y con experiencia en cocinas de alto nivel de Copenhague y París, defiende una idea clara: actualizar la cocina libanesa sin desdibujarla. La esencia permanece, pero gana precisión en el producto, la presentación y el servicio. Su trabajo ha sido reconocido, entre otros galardones, con el Michelin Young Chef Award.
El restaurante comenzó ofreciendo únicamente cenas para ajustar el servicio y ya ha incorporado los mediodías. El espacio es luminoso y confortable, con detalles de artesanía libanesa que aportan calidez. Al caer la noche, la iluminación se vuelve más tenue y pequeñas lámparas sobre las mesas crean una atmósfera íntima. La sala funciona tanto para una cena relajada entre amigos como para una celebración o una cita. Los llenos diarios confirman que la fórmula ha conectado rápidamente con el público madrileño.
Lo primero que hay que destacar de este restaurante es su pan. En Em Sherif no es un simple acompañamiento, sino una parte esencial de la experiencia. Llega caliente, recién horneado e inflado, y se repone durante toda la comida. Es el aliado natural de los mezze, el hummus, las ensaladas y las carnes.También aparece como protagonista en elaboraciones como el man’ousheh banadoura, un pan plano servido con tomate fresco, cebolleta, guindilla verde y albahaca, o en la versión preparada con una mezcla casera de quesos.
La comida, en si se articula, como manda la tradición libanesa, alrededor de mezze fríos y calientes que llegan al centro de la mesa que se comparten y que cada uno degusta en el orden que le parezca.
En la carta, y entre los fríos destacan clásicos como el hummus, el hummus snoubar con piñones, el mutabal de berenjena asada y la muhammara de pimiento rojo y nueces. El tabbouleh merece una mención especial: fresco, aromático y muy equilibrado, demuestra que una ensalada de perejil puede ser uno de los grandes platos de la comida. Más singular es el kibbeh nayyeh, un tartar de ternera al estilo libanés servido con crudités. Es una preparación menos habitual, pero muy recomendable para quien quiera adentrarse en los sabores más tradicionales de la casa.
Evidentemente es imposible probar todas estas delicias en un solo almuerzo, pero entre las media dicena que probamos con ese pan capaz de hacer migas cualquier régimen, sino que se lo pregunten a uno de mis acompañantes, experto en lides adelgazantes que, callo sin remedio ante esa pequeña tentación de un ligero bolo de pan ácimo con el que todos estos platillos combinan y entre los que me quedo con un sorprendente hummus con carne
Los mezze calientes mantienen el nivel. Hay hummus lahmeh con carne, hummus soujouk con embutido especiado, falafel recién hechos, patatas especiadas y empanadillas de espinacas con zaatar. También aparecen guiños al gusto local, como la alcachofa a la brasa con salsa de yogur o el pulpo a la parrilla, dos platos que enlazan con naturalidad los recetarios libanés y mediterráneo.
Después del despliegue de mezze llegan los principales, con especial protagonismo de la parrilla y de elaboraciones más contundentes. Uno de los platos que más se repite en las mesas es el kharouf: jarrete de cordero cocinado a baja temperatura, aromatizado con especias y sumac, tierno y de sabor profundo. También sobresalen el shawarma lahmeh de ternera, acompañado de encurtidos y salsas, y el samak tajin, una lubina con salsa cítrica de tahini y arroz con cebolla caramelizada. Entre las brochetas, la ternera marinada resulta especialmente jugosa y se sirve con un chimichurri de zaatar que aporta frescura.

Pero sobre todos destaca el baklava festok, que
combina baklava, pasta de pistacho, helado y ganache, y juega con distintas texturas. Es crujiente, intenso y rotundamente goloso: un final memorable para la comida y uno de los postres más atractivos de la oferta madrileña actual.
Si después de todos estos comentarios se acerca a esta restaurante lo mejor es que se deje guiar por Marta, la jefe de sala que dirige con precisión una enorme sala abarrotada de comensales pero que acertó en todo los que nos propuso, por lo que pudimos descubrir una cocina llena de misterios,
Em Sherif
Dirección: Alcalá, 54, Madrid
Teléfono: 628 72 97 17
Instagram: @em.sherif.madrid



