En España, el INE estima unas 150.000 plazas sin cubrir, aunque patronales y consultoras elevan la cifra a entre 200.000 y 250.000. Además, el 78% de las organizaciones reconoce problemas para encontrar talento, el nivel más alto en 15 años.
Este desajuste convive con una elevada tasa de paro (10,83% en 2026). El sector tecnológico refleja bien esta brecha: existen unas 120.000 vacantes sin cubrir, especialmente en ámbitos como IA, ciberseguridad o cloud, debido a que la formación no avanza al ritmo de la demanda. Por ejemplo, se necesitarán 45.000 profesionales SAP al año, lo que exige formar unos 8.000 nuevos especialistas anuales para reducir el déficit.
La inteligencia artificial impulsa la creación de empleo y sitúa a España a la cabeza en demanda relativa de estas competencias, por encima de países como Alemania o Francia. Sectores como atención al cliente y marketing destacan especialmente. Sin embargo, la falta de talento dificulta su implantación: cubrir vacantes de IA requiere cada vez más tiempo y muchos puestos permanecen sin ocupar.
Esta escasez afecta a perfiles clave como arquitectos de IA, ingenieros de machine learning o expertos en desarrollo de modelos, así como a profesionales con competencias en ingeniería y tecnología.
Más allá del ámbito tecnológico, crece la demanda de habilidades transversales como creatividad, inteligencia emocional o capacidad de resolución de problemas. También destaca la Formación Profesional: ya concentra el 40% de las ofertas, pero faltan trabajadores cualificados en áreas técnicas, en parte por el estigma social que aún arrastran estos empleos.
El problema se agrava por el envejecimiento de la población y la falta de relevo generacional: por cada diez trabajadores que se jubilan, solo siete jóvenes están preparados para sustituirlos. Además, la fuga de talento hacia otros países europeos con mejores salarios intensifica la escasez.
Ante esta situación, los expertos abogan por desarrollar el talento dentro de las empresas mediante formación y reciclaje profesional (reskilling y upskilling), ya que el mercado laboral no puede cubrir por sí solo la creciente demanda de perfiles técnicos y especializados.
