La declaración, que se produce en el marco de la undécima jornada del juicio del caso mascarillas, ha añadido una nueva arista a un proceso que ya acumula semanas de revelaciones de alto voltaje político.Aldama ha explicado que conoció la existencia de esos codiciados terrenos en la confluencia de las calles Velázquez y María de Molina de Madrid —conocidos como Campos Velázquez— a t ravés de un aviso que le llegó de manera indirecta.
Según su relato, la ministra de Hacienda, Montero, llamó al entonces ministro de Transportes, Ábalos, para comunicarle que la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) iba a poner ese patrimonio a la venta. Ábalos, a su vez, se lo trasladó a Koldo, y fue este quien avisó a Aldama de la oportunidad inmobiliaria.
El empresario ha detallado que fue entonces cuando conoció a Carlos Moreno, segundo de Montero en Hacienda, figura que ha aparecido también como receptor de pagos en el relato general de Aldama sobre el entramado de mordidas que él gestionaba.
La operación de Campos Velázquez, sin embargo, no prosperó para Aldama. Según su testimonio, un día Koldo García le comunicó que había que retirar la oferta. El motivo que le dio era que Begoña Gómez, la mujer del presidente Pedro Sánchez, quería los terrenos para ella.
En su lugar, le ofrecieron como compensación un suelo en la calle Padre Damián, una de las zonas más exclusivas de Madrid, cuya situación registral era, cuando menos, nebulosa: no quedaba claro si pertenecía al Ministerio de Agricultura, al de Hacienda o al de Defensa. Un suelo en el limbo legal, como el propio Aldama ha descrito, del que «ni saben de quién es».La operación ilustra lo que el empresario ha descrito en su declaración como un sistema de trueque de activos públicos que funcionaba al margen de cualquier procedimiento legal, en el que los favores y las compensaciones circulaban con la fluidez de quien conoce bien los resortes del poder.
A lo largo de su extensa declaración, Aldama ha ubicado a Pedro Sánchez en lo que ha descrito como «el escalafón 1» de la organización: «Ábalos en el 2, Koldo en el 3 y yo en el 4, porque todo lo sabía Sánchez». Ha asegurado además que Koldo insistía en intervenir en las gestiones porque «le protegía Pedro Sánchez», y que fue el propio Sánchez quien colocó a Koldo en el Ministerio de Transportes porque «no le pudo colocar en Moncloa».
Ábalos y Koldo, sentados en el banquillo desde primera hora de la mañana, han seguido la declaración de Aldama negando con la cabeza, haciendo gestos de contrariedad y tomando notas en sus libretas. En algún momento se han mirado y sonreído, como cuando Aldama describió el acarreo de efectivo en mochila hasta la residencia oficial del Viso.
Fue Koldo García Izaguirre quien le explicó a Víctor de Aldama la fórmula para lograr que empresas constructoras donasen dinero al PSOE. «Siéntate con esta constructora, que te digan a qué licitación quieren ir y en una van a ir a baja temeraria, en otra por debajo de la tabla y en otra por encima para que ganen la licitación», ha relatado el comisionista de la trama de corrupción que salpica al Gobierno, que le pidió el ex asesor ministerial, en 2019.
«Me dijo que me iba a presentar a empresas constructoras que trabajaban para el Ministerio» de Transportes, relata Aldama en respuesta a preguntas del fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón. Koldo se interesó por si podía encargarme porque necesitaban «a alguien» que tenga los contactos porque «a nosotros nos hace falta para la financiación para el partido» de Pedro Sánchez, ha abundado Aldama según le explicó el propio asesor de Ábalos. Preguntado por si Sánchez era conocedor del sistema, Koldo le dijo a Aldama, siempre según la versión de éste: «El presidente todo lo que hacemos lo tenía claro y lo sabía, estaba al tanto de todo».
La colaboración, a todas luces, no era «una donación al uso», ha apuntado el empresario. «Le pregunto quién va a facturar y me dice que las constructoras pagan en efectivo, Ahí entiendo que estamos haciendo algo ilegal», ha detallado Aldama antes de explicar que, si bien aquel asunto no le gustó demasiado, la propuesta tampoco le resultó del todo incómoda. «Yo soy empresario y me estaba ganando su confianza», ha insistido.
De acuerdo con el relato de Aldama, ése fue el germen de la trama de corrupción en el que las empresas pagan en metálico, una serie de ‘mordidas’ a cambio de contratos públicos que empezaron a caer como «una ruleta». «Empezaron a caer licitaciones» dependiendo de las cuales «pactábamos una cantidad» porque el comisionista ha explicado que no había un acuerdo genérico como tal.
Llegados a este punto, el empresario ha querido aclarar que fue Koldo quien le propuso la colaboración y no a la inversa porque él, en todo momento, «lo que buscaba era notoriedad» para luego tener acceso a otros negocios que eran en los que él tenía el verdadero interés para sus empresas.
Aldama recuerda cómo recogía los pagos de los constructores y, después, los entregaba, directamente, a «Koldo, en el Ministerio [de Transportes, siempre en presencia de Ábalos] y al señor Ábalos en su casa de El Viso». La dinámica era «muy simple» pero, en ocasiones, el ex asesor se ponía «nervioso» porque Ábalos, pedía más dinero y «los empresarios me pagaban cuando me podían pagar».
El «afán de Ábalos» por obtener beneficios de la trama desencadenó la idea de poner el piso de la Castellana, a nombre del ministro, «como una garantía para que esté tranquilo» de que va a cobrar. Por eso, «por el piso no se paga nunca nada», ni la idea era «que se utilizase para que [Ábalos] entrase a vivir», apostilla Aldama. «Entre otras cosas», explica, porque en el piso había inquilinos a los que se les «iba a presentar una demanda de desahucio». Cuando Aldama puso al ex ministro al tanto de esta situación, Ábalos le dijo: «Si necesitas que hable con el jefe de la Policía [aunque no ha sabido nunca a qué jefe se refería], me lo dices y le llamo».
«Era casi imposible suministrar todos los meses cantidades importantes de dinero en efectivo», se lamenta Aldama. Así las cosas, el empresario estableció para los gastos «mensuales fijos» de Koldo y Ábalos un fijo de 10.000 euros, satisfechas del propio patrimonio del empresario, pero también pidió un método alternativo de pago. Fue en ese momento en el que surgió la posibilidad «de pagar el piso a Jéssica» o de poner a su disposición las viviendas vacacionales de las que el ministro disfrutó en varios enclaves de la costa española (el de La Alcaidesa, en Cádiz o La Parra, en Marbella).
De la vivienda de la ex amante de Ábalos, se quedó encargado -«comisionado» por Aldama, apunta el fiscal Luzón- el también empresario Alberto Escolano que «es mi socio, no mi testaferro, como se ha dicho», relata el comisionista. «Yo no tenía tiempo para ponerme con el tema de una pareja del señor ministro» y, además, «a mí en Madrid me conocía mucha gente» por lo que ante cualquier incidencia, «era mejor gestionarlo de esta manera», explica al tribunal.
Aldama ha corroborado no sólo que fue Koldo quien le pidió esa contraprestación sino que, en una ocasión, «reunidos [los tres] en el despacho del Ministerio», le hizo ver, expresamente, a Ábalos «lo que está haciendo Víctor para que Jéssica esté bien». Con esta afirmación, Aldama ha insistido en que el ex ministro estaba al tanto de que la casa de su entonces pareja, en Torre España, se estaba abonando como pago a cambio de los favores de Ábalos, con razón de su cargo.
La sesión de tarde en el Supremo se ha iniciado con el interrogatorio de las acusaciones populares, representadas por el abogado Alberto Durán, en nombre del PP. A preguntas del letrado, Víctor de Aldama confirmaba que Koldo «estaba» en el viaje de Delcy Rodríguez a España, «consensuado, por supuesto, con Ábalos y con el presidente [Pedro Sánchez]». El desplazamiento se organizó con «todos los ministerios», entre ellos, «Interior y Exteriores» a los que se les pide «permiso» y dieron su «autorización».
Para ninguno de ellos fue un impedimento, de acuerdo con la versión del empresario, que la mandataria venezolana tuviera sanciones vigentes en territorio europeo, porque Aldama asegura que le dijeron que no se preocupase «por nada». Así se lo transmitió él mismo a su interlocutora. «La vicepresidenta de Venezuela, ni de ningún país, se mete en un vuelo de 12 horas» si sabe que va a tener problemas al llegar o que no va a poder aterrizar, reflexiona el empresario.
De hecho, y como ya había manifestado previamente durante la fase de instrucción del sumario, Aldama ha asegurado que él mismo «alquiló» un catering y un chalet que «pagó» de su bolsillo para celebrar una cena con Delcy. Desde Interior se enviaron efectivos en concepto de seguridad y el inmueble lo visitó el chef personal de la mandataria. A esa cita estaban convocados varios miembros del Ejecutivo socialista, como el entonces ministro de Sanidad Salvador Illa o la vicepresidenta María Jesús Montero, además de Koldo, él mismo y el empresario Juan Carlos Cueto.

