«Las repercusiones sobre la oferta podrían ser duraderas debido, en primer lugar, a que el aumento de la producción por parte de los países del Golfo que se han visto obligados a recortarla requerirá tiempo por restricciones técnicas. Además, el daño que el conflicto bélico pueda ocasionar en las infraestructuras energéticas y yacimientos de la región podría requerir, en el primer caso, un periodo prolongado de reparación y, en el segundo, ser parcialmente irrecuperable», señala el texto.
Pese a que distintos países han adoptado medidas de mitigación parcial en respuesta a esta perturbación negativa de oferta, «su alcance esperado es limitado y su coste puede incidir negativamente sobre vulnerabilidades fiscales preexistentes», afirma.
Como indica, el conflicto está afectando negativamente también a otros componentes de las cadenas globales de valor y plantea riesgos adicionales relevantes sobre ellas. «En particular, por el estrecho de Ormuz circulan en condiciones normales un tercio del comercio global de fertilizantes y una parte considerable del suministro de helio y neón, críticos para la fabricación de semiconductores. Además, debido a sus efectos sobre rutas marítimas clave y sobre el precio del combustible, la perturbación sobre las cadenas globales de producción podría afectar al coste del transporte de todo tipo de ‘inputs'», dice.
En general, el documento del Banco de España destaca que las tensiones geopolíticas se han intensificado de forma notable debido a la guerra en Oriente Medio, provocando un repunte de los indicadores de riesgos geopolíticos, ya elevados. «Dicho repunte incide en una mayor incertidumbre económica, en particular sobre los precios de la energía y, en menor medida, la inflación general» y el anuncio en abril de un alto el fuego «solo ha reducido moderadamente los niveles de los indicadores de incertidumbre», asegura.
De hecho, desde el inicio de la guerra, los precios de la energía han aumentado con fuerza, alcanzando en el caso del petróleo nuevos máximos. Aunque desde una perspectiva temporal más amplia, estos precios, en términos reales, están todavía alejados de los niveles históricos más elevados, «los niveles esperados, en particular en 2026, permanecen significativamente por encima de los vigentes antes del inicio de la guerra» y «el repunte de la volatilidad en estos mercados, reflejo de la incertidumbre asociada a este conflicto, es muy marcado».
En cuanto al posible impacto sobre la economía española, el Banco de España cree que «se vería afectada por la materialización adicional de riesgos geopolíticos» que, en la actualidad, están dominados por el conflicto en Oriente Medio. Como detalla, bajo el escenario central, los efectos del conflicto serían «moderados», pero escenarios más adversos, «asociados a una mayor intensidad del conflicto y a una mayor persistencia del shock energético, agravarían significativamente los efectos contractivos sobre la actividad y aumentarían las presiones al alza sobre la inflación».
Así, el organismo estima que, en el escenario más severo, el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) podría reducirse en cuatro décimas en 2026 y en seis décimas en 2027 respecto al escenario central, mientras que la tasa de inflación podría situarse en el 5,9% y el 3,2% en dichos años, respectivamente.
«La prolongación del conflicto en Oriente Medio está sujeta a una elevada incertidumbre y podría extender los efectos sobre los precios y la disponibilidad de energía y otros insumos de producción», subraya. Además, menciona que otros riesgos geopolíticos, asociados a las políticas comerciales de EEUU o a cambios en el marco institucional internacional, también podrían afectar negativamente a la economía española: «De forma general, estos riesgos tendrían consecuencias negativas sobre la actividad, pero ambiguos sobre la inflación. En este contexto, la menor exposición comercial directa a EEUU, en comparación con otras economías europeas, actuaría como elemento parcialmente mitigador de los riesgos que operan a través de los canales comerciales».
