De hecho, Alemania e Italia han frenado en seco la propuesta de suspender el Acuerdo de Asociación con Israel, que pretendía España, no se sabe muy bien porque, si no es para mejorar la imagen electoral de Sánchez dentro de España y entre sus socios progres
El debate, que se abordó en una reunión de ministros de Exteriores celebrada en Luxemburgo, evidencia una vez más la profunda división entre los Veintisiete sobre cómo responder a la ofensiva israelí en Líbano y al deterioro de la situación en Cisjordania. Madrid y Dublín defendían la necesidad de enviar una señal política contundente, planteando incluso la suspensión del acuerdo firmado en junio de 2000, que regula las relaciones políticas, comerciales y de cooperación entre la Unión Europea e Israel. A su juicio, el contexto actual —marcado por el aumento de víctimas civiles y las críticas de organismos internacionales— justificaría una revisión profunda del marco de relaciones con el Estado israelí.
Sin embargo, Berlín y Roma se alinearon para frenar esa vía. El ministro alemán de Exteriores, Wadephul, calificó la propuesta de “inapropiada”, apostando por mantener abiertos los canales diplomáticos en lugar de adoptar medidas que podrían tensar aún más la relación. Italia se sumó a esta posición, defendiendo un enfoque más pragmático basado en el diálogo y la presión discreta.
La negativa de estos dos países, con peso clave dentro de la UE, deja la iniciativa sin recorrido inmediato. La suspensión del acuerdo requeriría unanimidad o, al menos, una mayoría cualificada que hoy por hoy parece lejana. Otros Estados miembros, aunque críticos con la actuación de Israel, tampoco se muestran dispuestos a dar un paso tan drástico. El choque refleja no solo diferencias estratégicas, sino también sensibilidades políticas internas y prioridades geopolíticas distintas. Mientras algunos gobiernos consideran que ha llegado el momento de endurecer la postura, otros temen que una ruptura formal debilite la capacidad de influencia europea en la región.
Por ahora, la Unión Europea mantiene su equilibrio inestable: endurece el tono en sus declaraciones, pero evita medidas que supongan una ruptura real con Israel. Un escenario que, lejos de resolverse, anticipa nuevos enfrentamientos diplomáticos en Bruselas a medida que evolucione el conflicto.

