Así lo señala Funcas en su última nota sobre privación material y social severa, que, con datos de Eurostat, analiza en qué medida la expansión de la economía se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida y en una reducción de la pobreza.
“En primer lugar hay que tener en cuenta un cambio en la medición -explican en el área de Estudios Sociales de Funcas-. Eurostat ha sustituido el indicador de carencia material severa por el de carencia material y social severa como principal referencia en este ámbito. El INE sigue publicando el anterior, y nosotros preferimos tener ambos en cuenta en el análisis porque nos ofrece una perspectiva más completa, y correcta, para entender la evolución de la situación de la población más vulnerable en los últimos tiempos”. Los dos indicadores difieren en las privaciones que consideran y en el umbral que determina su carácter severo. El indicador anterior exigía acumular al menos cuatro carencias de una lista de nueve; el actual eleva ese umbral a siete de trece.
• Los indicadores de carencia en los hogares con niños son superiores a la media: 8,5% frente a 7,6% el de carencia material y 10,7% frente a 8,1% el de carencia material y social
• La carencia material y social severa de los mayores de 65 años se sitúa en el 4,7%, por debajo de la media europea y con tendencia descendente desde 2018
• En los últimos 20 años, la posición relativa de España entre los países de la Unión Europea de los 27 ha empeorado
Además, el cambio amplía las dimensiones de privación que mide. Mientras que el indicador anterior recogía solo carencias referidas al conjunto del hogar, el actual incorpora también dificultades individuales y presta mayor atención a la participación social. Elimina, además, elementos que habían perdido capacidad para distinguir situaciones de privación por su escasa incidencia, como no poder disponer de teléfono, televisión en color o lavadora. En su lugar, incluye limitaciones económicas para reunirse con familiares o amigos, realizar actividades de ocio, tener una pequeña cantidad de dinero para gastos propios o reemplazar ropa y calzado.
El análisis de ambos indicadores muestra que la privación es superior en los hogares en los que viven menores de 16 años. En el último año con datos disponibles, 2025, los indicadores de carencia de los hogares con niños se situaron por encima de la media, en el 8,5% el de carencia material (frente a una media del 7,6%) y en el 10,7% el de carencia material y social (frente a una media de 8,1%). Para la media del periodo 2015-2025, los niveles de carencia también son superiores tanto en su versión material (1,5 puntos más que la media) como, especialmente, en su versión material y social (3 puntos más).
El segmento adulto y laboralmente activo de la población, delimitado por las edades de 30 y 64 años, ha presentado tasas muy similares a la media en ambos indicadores. En 2025, su tasa de privación material severa fue del 8% y la de privación material y social, del 8,8%.
El tramo de edad más interesante para entender la evolución de ambos indicadores es el de la población de 65 años o más. En el periodo 2015-2025 su carencia material severa se situó, por término medio, 3,3 puntos por debajo de la general. En cuanto a la carencia material y social severa, se duplicó con creces en el periodo de crecimiento entre 2015 y 2018, pasando del 3,5% al 8,1%, casi igualando la tasa general (8,7%). Desde entonces mantiene una tendencia descendente que ha vuelto a dejar su indicador por debajo del general, con un 4,7% en 2025 frente al 8,1%.
España en el contexto europeo
Consideradas las dos tasas de privación y con la perspectiva de los últimos 20 años, el análisis apunta a que la posición relativa de España entre los países de la UE de los 27 ha empeorado. Es uno de los pocos países en los que la carencia material y social severa ha tendido a crecer o a permanecer estable en la última década. Las mayores caídas se han producido en países con tasas iniciales altas, en su mayoría de Europa del este, con cierta presencia de países de Europa del sur. Los aumentos, o la estabilidad, se han observado en aquellos con tasas iniciales bajas, es decir, algunos de Europa central (Alemania, Austria, Francia, Luxemburgo) y, especialmente, los tres nórdicos. El caso español, a pesar de no tener una tasa inicial baja, se suma al grupo en el que la carencia material y social severa no ha caído.
En 2015 España ocupaba un lugar intermedio, el decimoquinto de los 27 países de la UE de mayor a menor tasa, y con una cifra (7,4%) inferior a la media europea (9,7%), mientras que en 2025 se situaba en el quinto lugar, con una tasa (8,1%) superior a la media (6,3%).
El patrón español, con más privación entre los menores que entre los mayores, es el habitual en la Unión Europea, aunque en la última década España ha dejado de destacar por la desventaja relativa de sus menores, que se ha aproximado a la media europea, y sigue haciéndolo por la posición comparativamente favorable de sus mayores, cuya tasa de privación continúa entre las más bajas de la UE27 en relación con la del conjunto de la población
