Las negociaciones, precedidas por el anuncio de un acuerdo no vinculante el pasado 8 de enero, no han desembocado en unos términos definitivos que satisficieran los criterios estratégicos y financieros de ambas compañías.
En concreto, el encarecimiento de los carburantes y el aumento de los márgenes de refino han dificultado alcanzar un acuerdo. Las cifras de Galp, en línea con las del resto de petroleras europeas, sirven para ilustrar la evolución de su actividad durante este periodo: entre el cuarto trimestre de 2025 (previo al inicio de la contienda) y el tercero de 2026, su producción neta de petróleo aumentó un 19,93% y el suministro de productos petrolíferos creció un 36,67%. Sin embargo, el mayor salto correspondió al margen de refino, que se incrementó un 389,86%. Aunque la exploración y producción quedaba fuera del perímetro de la operación, el refino y el suministro formaban parte de los negocios que se pretendían combinar.
Por parte de Galp, su presidenta, Amorim, ha atribuido el desenlace a la falta de un entendimiento comercial. «Tras extensas negociaciones y un firme compromiso de todas las partes para explorar el potencial de esta fusión, y a pesar de todos los esfuerzos realizados, no hemos logrado alcanzar un acuerdo sobre una oportunidad con un gran potencial para crear un importante actor europeo en el sector de la distribución de hidrocarburos», ha declarado. Amorim ha defendido, no obstante, los fundamentos de la operación. «Si bien la lógica estratégica que sustenta la transacción propuesta sigue siendo convincente, las partes no lograron la alineación comercial necesaria para sustentar una asociación duradera y que genere valor», ha señalado.
Tras la ruptura, el consejero delegado de Moeve, Wetselaar, ha desvinculado el desacuerdo con Galp con la transformación que está llevando a cabo la compañía.
