Y es que, el vicepresidente del BCE, ha asegurado que pasar del 2% en Defensa al 3,5% «va a tener un gran impacto», pero «tiene que verse cómo se puede hacer», y ha señalado que las únicas formas de hacerlo es «subiendo impuesto o emitiendo deuda».
«El conflicto está provocando un fuerte aumento de la incertidumbre y un significativo shock de oferta a través del encarecimiento de la energía, el más perjudicial para una economía, tanto a escala global como europea» ha señalado el vicepresidente del BCE. Además, ha asegurado que «este repunte de los precios energéticos ya se refleja con claridad en la inflación, que ha comenzado a acelerarse de forma notable, mientras que el impacto sobre la actividad económica llegará con cierto retraso». Y es que, de Guindos ha incidido en que «aunque la economía europea creció un 0,1% en el primer trimestre en comparación con los tres primeros meses del 2025, este dato aún no recoge plenamente la intensidad del shock energético». Además, ha añadido que «donde sí se ha evidenciado el efecto es en los indicadores de sentimiento, con una fuerte caída de la confianza del consumidor y del PMI de servicios en marzo y abril».
Además, ha señalado que el próximo mes de junio, el Banco Central Europeo celebrará su Consejo de Gobierno, que servirá para contar con nuevas proyecciones económicas y se actualizarán los posibles escenarios económicos por la guerra: «Yo actualizaré hasta el 31 de mayo, y el siguiente Consejo de Gobierno de Política Monetaria tendrá lugar en junio y ahí se decidirá. Ahí lo fundamental va a ser la evolución de del conflicto. Si se desbloquea o no Ormuz, pero hay una cuestión que está clara y es que el nivel de incertidumbre es brutal».
Preguntado por si el cierre a largo plazo del Estrecho de Ormuz podría provocar una situación de estanflación, de Guindos ha asegurado que «la estanflación es una situación muy distinta»: «En los años 70 se dio porque era un crecimiento muy reducido durante mucho tiempo, con una inflación del 7-8%, pero no estamos ahí», ha señalado. Además, ha añadido que «pasaremos de inflaciones del entorno del 2% y se incrementaría a más de 3%. Pero eso no es estanflación».
El vicepresidente del BCE, ha fijado tres riesgos que se han detectado históricamente para la estabilidad financiera. El primero de ellos se concentra en los mercados financieros, que estarían descontando un escenario benigno: «El comportamiento de los mercados ha sido muy positivo. El mercado de renta variable, los mercados de renta fija y los mercados de crédito. Ha habido un cierto deterioro, ha habido un endurecimiento de las condiciones de financiación, pero no ha habido ninguna situación de estrés de liquidez en ninguno de los mercados».
El segundo foco de vulnerabilidad es de carácter fiscal «porque los gobiernos tienen muy poco margen de maniobra»: «Con un déficit público medio en torno al 3% y una deuda cercana al 90% del PIB, los gobiernos afrontan la necesidad de aumentar el gasto en Defensa en un escenario de menor crecimiento económico. Esta combinación está empezando a captar la atención de los inversores, como reflejan recientes decisiones de agencias de calificación que han afectado a países como Bélgica y Eslovaquia, así como la revisión de la perspectiva crediticia de Finlandia, consideradas señales tempranas de tensión fiscal».
Por último, de Guindos ha señalado que el tercer riesgo está vinculado al auge del crédito privado: «Un segmento aún reducido en Europa pero con creciente relevancia». Así, el vicepresidente del BCE ha incidido que «aunque este tipo de financiación cubre proyectos que no suelen acceder a la banca tradicional, presenta problemas de opacidad, elevado apalancamiento y posibles tensiones de liquidez, evidenciadas por las limitaciones a los reembolsos en algunos fondos. Además, su estrecha interconexión con el capital privado, las aseguradoras y el sistema bancario —con el que compite y del que a la vez depende— incrementa el potencial de transmisión de riesgos al conjunto del sistema financiero».

