El índice hipotecario arrancó 2026 en el 2,245%, registró ligeros descensos en enero y febrero, pero retomó una clara senda alcista a partir de marzo. Tras encadenar varios meses de avances, cerró agosto en el 2,954% y alcanzó en septiembre una media cercana al 3,25%, su nivel más alto desde julio de 2024.
Los analistas atribuyen el repunte al aumento de las presiones inflacionistas, agravadas por la tensión geopolítica en Oriente Medio y el encarecimiento de la energía. El mercado da prácticamente por descontada una nueva subida de tipos en diciembre y no descarta movimientos adicionales durante el primer trimestre de 2027, lo que ha llevado al euríbor a anticipar ese escenario.
La evolución del índice dependerá en gran medida del comportamiento de la inflación y de los precios energéticos. Si estos se moderan y el BCE no necesita endurecer más su política monetaria, el euríbor podría cerrar el año en torno al 3%. En cambio, si la inflación sigue resistiéndose a la baja, podría acercarse al 3,5% o incluso superar ese nivel temporalmente.
Los expertos destacan que el actual repunte no responde solo a las últimas decisiones del BCE, sino también a la revisión al alza de las expectativas sobre cuánto tiempo deberán mantenerse elevados los tipos de interés. Además, la economía de la zona euro muestra una mayor fortaleza de la prevista, lo que otorga al banco central más margen para seguir actuando contra la inflación sin temor inmediato a una recesión.
Con la facilidad de depósito situada en el 2,5% y el euríbor rondando el 3,3%, el mercado ya descuenta un escenario de política monetaria más restrictiva durante los próximos doce meses, aumentando la incertidumbre para familias y prestatarios hipotecarios.
