La reducción de las tensiones geopolíticas y la caída de los precios de la energía constituyen factores potencialmente positivos para la economía europea, tradicionalmente más sensible a los costes energéticos que la estadounidense. Sin embargo, el euro sigue encontrando obstáculos para recuperar terreno frente al dólar.
Entre ellos destaca el cambio de tono de la Reserva Federal. La semana pasada, el mensaje más restrictivo del banco central estadounidense impulsó los rendimientos de la deuda a corto plazo y reforzó al dólar frente a la mayoría de las principales divisas. Los mercados descuentan ahora una probabilidad cada vez mayor de que la Fed mantenga los tipos elevados durante más tiempo e, incluso, contemple nuevas subidas si la inflación continúa mostrando resistencia.
La Reserva Federal, bajo la presidencia de Kevin Warsh, ha mostrado una preocupación por la inflación claramente superior a la que descontaban los mercados, según se desprende de su primera rueda de prensa al frente de la institución. Casi la mitad de los miembros del FOMC anticipan al menos una subida de tipos de interés en 2026, en línea con las expectativas actuales del mercado. El resultado inmediato fue un repunte de los tipos a corto plazo y una apreciación generalizada del dólar frente a las principales divisas del mundo. El mercado bursátil estadounidense registró cierta volatilidad tras la reunión, aunque recuperó la mayor parte de las pérdidas antes de que terminara la semana. Las monedas de la región del Pacífico obtuvieron un mejor comportamiento relativo, favorecidas por la caída de los precios de la energía tras el anuncio del acuerdo de paz con Irán.
Con las grandes reuniones de bancos centrales ya cerradas, la atención se desplaza esta semana hacia los datos macroeconómicos. El foco principal recaerá en los índices PMI de actividad empresarial – los indicadores adelantados más fiables para medir el impacto del acuerdo de paz en la confianza de las empresas. Estos se publicarán el martes. También será especialmente relevante el dato de inflación PCE de junio en Estados Unidos, dada la renovada prioridad que la Reserva Federal parece otorgar ahora a la estabilidad de precios. Además, seguiremos de cerca las posibles consecuencias para los activos británicos tras la dimisión de Keir Starmer.
EUR
Los bonos soberanos a largo plazo de la zona euro reaccionaron al tono hawkish de la Reserva Federal con fuertes caídas, aunque esto no impidió que el euro siguiera perdiendo terreno frente al dólar. Los datos macroeconómicos de la eurozona han mostrado recientemente un giro moderadamente positivo. Este hecho, unido al repunte de la inflación subyacente, proporciona más argumentos a los miembros más restrictivos del BCE, que abogan por una segunda subida de tipos en septiembre.
Los índices PMI que se publicarán el martes cobrarán especial importancia esta semana, ya que serán los primeros indicadores relevantes tras el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán. El fin del conflicto en Oriente Medio debería resultar favorable para el euro, aunque la moneda única cotiza actualmente cerca de sus mínimos desde mediados de marzo. Atribuimos esta debilidad, en parte, al daño económico causado por la guerra y, en parte, a la cautela de los inversores que siguen esperando un acuerdo de paz más duradero.
USD
La mejoría de los datos de empleo en Estados Unidos y el aumento de la inflación derivado del conflicto en Irán han acabado con las esperanzas de Donald Trump de que se produzcan recortes de tipos en el corto plazo. En su primera rueda de prensa como presidente la semana pasada, Kevin Warsh dejó claro que la prioridad de la Fed es garantizar la estabilidad de precios. Además, su comunicado eliminó cualquier atisbo de orientación futura, un elemento que Warsh ha criticado reiteradamente en el pasado.
A menos que produzca una sorpresa negativa de gran magnitud, la próxima acción de la Reserva Federal será una subida de tipos, aunque el calendario sigue siendo incierto. La inversión empresarial impulsada por la inteligencia artificial parece estar compensando una demanda de consumo más moderada, pero el repunte del empleo y los efectos riqueza derivados de la subida de las bolsas hacen probable que el consumo se recupere en los próximos meses. Los futuros ya descuentan casi por completo una subida de tipos en septiembre, y el marcado giro hacia una postura más agresiva reflejado en el «dot plot» de la semana pasada sugiere que bastará poco para que la balanza se incline definitivamente en esa dirección.
GBP
Andy Burnham ha dado un paso decisivo hacia el cargo de primer ministro. Su amplia victoria en las elecciones parciales de Makerfield el viernes y la dimisión de Keir Starmer esta misma mañana le allanan el camino hacia el 10 de Downing Street. El plazo para presentar candidaturas se abrirá el 9 de julio, aunque todo apunta a una investidura sin oposición más que a una pugna prolongada por el liderazgo.
La libra ha reaccionado con calma a estas novedades. No obstante, las preferencias de Burnham por una mayor expansión fiscal, subidas de impuestos y un aumento de la emisión de deuda pública generan cierta inquietud. La cuestión clave será quién ocupe el Ministerio de Hacienda. La continuidad de Rachel Reeves sería la opción más favorable para los mercados, pero cualquier indicio de que el nuevo ministro pretenda relajar o abandonar las reglas fiscales actuales podría desencadenar nuevas ventas de activos británicos. También será relevante observar si el cambio de liderazgo tiene alguna repercusión en el Banco de Inglaterra. La semana pasada, el Comité de Política Monetaria mantuvo los tipos sin cambios por 7 votos a 2, aunque dejó abierta la puerta a una subida más adelante en el año si las circunstancias lo justifican. Sin embargo, con una inflación de mayo más moderada de lo esperado y un mercado laboral aún débil, creemos que el BoE mantendrá una postura de espera al menos durante el verano y, muy probablemente, durante el resto del año.

