El Brent llegó a caer más de un 3% y perforó momentáneamente el nivel de los 100 dólares por barril, mientras que el WTI cedió cerca de un 4%. El mercado interpreta que la recuperación parcial de las exportaciones de Oriente Medio reduce el riesgo inmediato de un corte severo en el suministro mundial.
A esta situación se suma el debate en la Unión Europea sobre la posible liberación de 50 millones de barriles de diésel, junto a otros 50 millones de barriles de crudo procedentes de reservas estratégicas internacionales. El objetivo es aliviar la escasez de combustibles refinados, especialmente de diésel, que sigue siendo uno de los principales focos de tensión energética.
Sin embargo, los analistas advierten de que la caída del crudo no implica el final de la crisis. Aunque el petróleo vuelve a fluir con mayor normalidad, el mercado continúa condicionado por la escasez de diésel, el descenso de inventarios y los riesgos geopolíticos en Oriente Medio.
Los ataques a petroleros registrados en los últimos días en la zona y el refuerzo de la presencia militar estadounidense mantienen elevada la prima de riesgo. Por ello, pese al alivio temporal de los precios, el mercado energético sigue lejos de una normalización completa.
En definitiva, la mejora de los suministros y la perspectiva de nuevas reservas en el mercado están relajando los precios a corto plazo, pero la incertidumbre sobre la seguridad de las rutas marítimas y el déficit de combustibles refinados continúan siendo los principales riesgos para el equilibrio energético mundial.
