La novela tiene el cuño de Dexter: una situación de puzle donde todos los elementos están en escena y que solo hay que recomponer lo que en apariencia es un ilógico rompecabezas. Los razonamientos de Lewis chocan con los silencios de Morse y su manera de hacerse una composición de lugar que acaba por ser la correcta y la que resolverá el enigma.
Comienza por presentarnos al matrimonio sobre el que gira toda la trama y luego introducirnos en la noche de Fin de Año y la fiesta organizada, que comprende varios espectáculos, en el hotel Haworth de Oxford. Entre los eventos hay una fiesta de disfraces. El 1 de enero aparece un cadáver en la habitación número 3 del Anexo que se acaba de inaugurar con unas pocas habitaciones. El cuerpo es inidentificable y nadie le conoce al estar todos disfrazados en la noche anterior. Además, se descubren que no todos los invitados se han inscrito con sus auténticos nombres.
La investigación lleva a varios interrogatorios, visitas y un sinfín de conjeturas que se van desmenuzando en las reuniones de los dos policías con sendas y abundantes pintas de cerveza.
Parece que todo es imposible que siempre se está comenzando en la investigación, pero cada policía por su cuenta va rellenando los huecos y al final será Morse quien descubrirá una trama complicada y confusa.
La novela mantiene el misterio en todo momento pero no hay que olvidar que estamos ante un juego de lógica, todo un misterio que se acabará resolviendo por quien sabe colocar todos los pequeños detalles en su sitio. Es fácil perderse en las personas que integran la trama y está es una dificultad para poder leer la novela sin tener que confundirse en los personajes.
Una novela muy al estilo británico con el paisaje y las calles de Oxford como fondo.
El secreto de la Habitación número 3
Colin Dexter
Siruela (2026)
págs. 379

