Sin embargo, cabe destacar que la mitad de los miembros con derecho a voto del FOMC prevé ahora al menos una subida de tipos en 2026, y seis de ellos anticipan dos subidas o más. Este cambio de rumbo marca un sesgo claramente más restrictivo (hawkish) respecto a la reunión anterior.
Las nuevas previsiones de la Fed reflejan presiones inflacionistas persistentes. Se espera ahora que la inflación general alcance el 3,6% a finales de año, frente al 2,7% proyectado en marzo, mientras que la inflación subyacente se situaría en el 3,3%, también por encima del 2,7% anterior. Las previsiones de crecimiento para 2026 se mantienen relativamente estables en el 2,2%, frente al 2,4% de la reunión precedente.
Al margen de las perspectivas de inflación, en un plano más estructural, el nuevo presidente de la Fed ha esbozado varias líneas de trabajo relevantes para los próximos meses. Pretende, en particular, adoptar una comunicación más sobria, lo que se traduciría en el abandono de la publicación de las proyecciones individuales de tipos (dots) y en una menor dependencia de los indicadores sobre la trayectoria futura de los mismos (forward guidance).
Además, se prevé la creación de varios grupos de trabajo que se centrarán en la comunicación de la Reserva Federal, la gestión del balance, el análisis de la productividad y el empleo, la calidad de los datos y las herramientas estadísticas, así como el marco utilizado para evaluar de la inflación. Quedará por ver si esta reorganización se traducirá en cambios tangibles en las directrices de la Fed o quedará en ejercicios de reflexión interna.

