El pasado viernes, el mercado tuvo que digerir un informe oficial de empleo de EEUU más débil de lo esperado. Es decir, las perspectivas para el mercado laboral estadounidense “siguen siendo confusas” después de las señales contradictorias de los datos conocidos durante la semana pasada: el empleo no agrícola se redujo en 23.000 puestos en julio y el número de vacantes descendió a 7,36 millones en junio frente a los 7,54 millones revisados de mayo, mientras que la tasa de desempleo bajó del 4,2% al 4,1% y los recortes de plantilla disminuyeron a unos 33.000 en julio, lo que supone un descenso del 27% respecto al mes anterior y del 46% en relación al mismo periodo de 2025. En su opinión, una tasa de participación en la fuerza laboral (TPFL) decreciente (cayó al 61,4% desde el 61,5% de junio) “no es señal de una economía sana”, pero la menor TPFL explica por qué la tasa de desempleo disminuyó a pesar de la reducción de las nóminas no agrícolas. De cara al futuro, persistira el entorno de “ni contrataciones ni despidos”, ya que las empresas intentan averiguar cómo utilizar la inteligencia artificial (IA) para automatizar más tareas, lo que debilita el poder de negociación de los trabajadores y reduce la presión salarial.
El foco se desplaza esta semana a los datos de IPC de julio de la primera potencia mundial. Como ya se conoce el aumento de los precios de la energía en ese mes, la cifra general “podría ser contundente” y es probable que se mantenga entre el 3,5% y el 4% hasta finales de año, incluso si la inflación intermensual se desacelera hasta un ritmo anualizado del 2%. Además, la tasa subyacente podría estabilizarse por encima del 2,5% hasta acabar 2026, con riesgo al alza debido a las presiones sobre los precios de los servicios (excluida la vivienda), los semiconductores –que podrían impulsar al alza los precios de la electrónica de consumo– y los primeros indicios de una posible reaceleración de la inflación en el sector de la vivienda.
En China, sin embargo, la inflación se moderó más rápido de lo previsto en julio pese al impacto de la guerra en Oriente Próximo, con el IPC alcanzando el nivel más bajo en 6 meses. El gigante asiático sigue lastrado por un exceso de capacidad de producción industrial y una débil demanda interna, y las recientes caídas de los precios de la energía hacen temer que vuelva a “niveles de inflación subóptimos”.
El punto fuerte en China se mantiene en el frente comercial. Obtuvo un superávit comercial de 112.500 millones de dólares en julio, el cuarto mayor registrado hasta la fecha; y desde enero de 2025, la cifra mensual media de esta partida, ajustada estacionalmente, asciende a 100.000 millones de dólares. Las exportaciones a EEUU crecieron un 17% interanual, mientras que el resto de regiones clave también registraron fuertes aumentos, entre ellas la ASEAN (38,3%), la Unión Europea (16,2%) y Japón (14,4%).
No obstante, parece cada vez más probable que la UE tome medidas para proteger a sus industrias nacionales durante el próximo año, con herramientas que abarcarían desde requisitos de contenido local hasta aranceles, y podrían reducir de manera significativa la competitividad de las exportaciones chinas en la región en el futuro. La UE no es la única que se da cuenta de la amenaza que suponen las importaciones chinas para su dinamismo económico. Si más países siguen el ejemplo de EEUU a la hora de proteger a sus empresas y trabajadores, la economía china podría enfrentarse a otra serie de dificultades que se sumarían a la confianza de los consumidores, que se encuentra en mínimos casi históricos, y a la actual crisis del mercado inmobiliario residencial.
En la zona euro, la referencia más relevante de los últimos días es la producción industrial alemana de junio. Aumentó ligeramente respecto al mes anterior (un 0,2%), pero en sectores con alto consumo energético cayó hasta situarse un 18% por debajo de los niveles previos a la invasión de Ucrania. Uno de los factores que explican la debilidad de la producción industria en la primera potencia europea es el aumento de los costes energéticos para los fabricantes alemanes, debido a las políticas de transición energética y a la guerra de Ucrania. Pero, al mismo tiempo, China ha pasado de ser el mayor cliente de Alemania a convertirse en su principal competidor en varios sectores. En consecuencia, Alemania parece dispuesta a apoyar el establecimiento de barreras comerciales contra China, tras años de oponerse a ellas con la esperanza de evitar represalias por parte de este país.
Esta semana se dará a conocer el PIB de Reino Unido del segundo trimestre, que podría verse impulsado por una combinación de consumo de los hogares –los datos de ventas al por menor del trimestre sugieren una contribución positiva–, y gasto público, que ha aumentado en términos intertrimestrales. Por el contrario, es probable que la inversión empresarial suponga un “ligero lastre para los resultados, dada la débil confianza de las empresas y su reticencia a comprometerse con grandes proyectos de inversión”.
