La armonizada también aumentó, hasta el 4,6%, disparando el diferencial con respecto a la media de la eurozona hasta 1,4 puntos porcentuales. La tasa subyacente bajó una décima hasta el 2,9%, y el núcleo inflacionista, que excluye todos los alimentos y los productos energéticos, se situó en el 3,3%, una décima menos que en el mes anterior.
El resultado ha sido superior a lo previsto, debido tanto a la mayor inflación energética como en los servicios y bienes industriales no energéticos. En los alimentos, sin embargo, la evolución ha sido mejor de lo esperado
Los alimentos elaborados redujeron su inflación en una décima porcentual hasta el 1,6%, prolongando la trayectoria descendente que se observa desde mayo. Esta bajada estuvo muy influida por el aceite, y también por el chocolate, cacao y café, aunque la mitad de los componentes de este grupo registran descensos en sus tasas de inflación. Los servicios, en cambio, siguen reflejando la persistencia de importantes tensiones inflacionistas, ya que su tasa, del 3,9%, continúa en un nivel muy elevado. En cuanto a los bienes industriales no energéticos (BINE), su tasa se elevó tres décimas hasta el 1,4%, impulsada por ordenadores y otros aparatos electrónicos, que comienzan a trasladar el encarecimiento de componentes como los microchips.
La inflación de los BINE se mantiene en niveles superiores a los registrados el año pasado, y a lo habitual en este grupo, en gran medida por la elevada inflación de la joyería y los automóviles
de segunda mano, a lo que ahora se unen los ordenadores.
En cuanto a los productos más volátiles, los energéticos aumentaron su inflación hasta el 16,9%, con ascensos en la electricidad, el gas y, sobre todo, en los combustibles, en parte por la retirada parcial de rebajas fiscales, y también por el encarecimiento de la materia prima. Los alimentos no elaborados, cuyatasa se comporta de forma muy errática, se situaron en el 4,5%, debido sobre todo a las frutas.
En suma, se mantienen las elevadas tensiones inflacionistas en los servicios, a lo que ahora se añade el agravamiento de las mismas en la energía. En el caso de los alimentos, sin embargo, no parece observarse, de momento, un traslado generalizado de la subida de los combustibles y otros inputs a sus precios finales.
Previsiones
Las previsiones de inflación siguen sujetas a una gran incertidumbre, ya que su evolución continúa muy condicionada por el conflicto en Oriente Medio y por las medidas fiscales adoptadas por el Gobierno. Los precios del petróleo y del gas se han disparado en las últimas semanas como consecuencia del agravamiento del conflicto, situándose el primero por encima de 100 dólares por barril, y el Mibgas en torno a 85 euros. En el escenario central se asume que las tensiones bélicas no irán a más, de modo que el precio del barril de crudo retornaría hasta 80 dólares al final de este año, y hasta 70 al final del próximo. También se supone que el Gobierno reintroducirá una rebaja de 0,2 euros en el impuesto sobre hidrocarburos, tanto para gasolina como para gasoil, hasta enero del año próximo. Bajo estos supuestos, la tasa de inflación esperada para septiembre se sitúa en el 4,9%, y se mantendrá por encima del 4% los meses siguientes, con una media anual del 3,6% este año, y del 2,9% en 2027 (tres décimas más, en ambos casos, que la previsión anterior). Las medias anuales previstas para la tasa subyacente son del 2,8% y del 2,5% para 2026 y 2027,
respectivamente.
En un escenario alternativo en el que el precio del crudo se mantiene en torno a 107 dólares hasta finales de este año, y cerca de 100 durante todo 2027, las tasas medias anuales serían del 3,8% en 2026 y del 3,6% en 2027. Finalmente, en el escenario más favorable, en el que el precio de esta materia prima desciende progresivamente hasta terminar 2026 en torno a 75 dólares, y hasta 60 dólares al final de 2027, la tasa media anual de este año se situaría en el 3,5%, y la del próximo en el 2,1%.
