En ese periodo, el cambio más llamativo es el relativo al nivel de gasto dependiendo de la edad del sustentador principal, según una nota publicada por Funcas en la que analiza los resultados correspondientes a 2025 de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) del INE. Funcas destaca la mejora de la posición relativa de los hogares encabezados por individuos de 65 años o más, cuyo gasto por unidad de consumo pasó de estar un 20% por debajo de la media en 2006 a situarse por encima en 2025. En paralelo, pierden posición relativa los hogares con cabezas de familia en edades centrales, sobre todo, los de 30 a 44 años. El ascenso relativo del gasto de los hogares de mayores se dio en dos fases. La primera, en la que se produjo la mayor parte de la ganancia, tuvo lugar en la crisis de 2008 a 2013, cuando los ingresos en los hogares de la gente mayor se mantuvieron o incluso crecieron, al quedar muy protegida la revalorización de las pensiones, mientras que los ingresos de los hogares con miembros en edad de trabajar cayeron, sobre todo, por el desplome en la tasa de ocupación. La segunda fase de mejora, más moderada, se corresponde con el último lustro, en consonancia con unos incrementos de las pensiones superiores a los de los salarios, la principal fuente de ingresos del resto de hogares.
• El gasto de los hogares encabezados por mayores pasa de situarse un 20% por debajo de la media en 2006 a superarla en 2025
• La revalorización de las pensiones ha sostenido el consumo de los individuos de 65 años, mientras que el del resto de hogares ha dependido de la evolución, más débil, de los ingresos laborales
• Los hogares encabezados por nacidos en España mantienen un gasto claramente superior al de los encabezados por nacidos en el extranjero y la diferencia no se recorta
• La desigualdad de gasto o de consumo entre hogares es inferior y más estable que la de ingresos
Dado que la edad está muy asociada con la situación laboral, al comparar el gasto de los hogares cuyo sustentador principal está jubilado con el resto de los hogares se observa que los primeros han mejorado con claridad su posición relativa en el periodo considerado, ganando su índice 21 puntos porcentuales (de 86 a 107). De nuevo, su gasto pasa de ser inferior al medio a superarlo nítidamente, correspondiendo las fases de crecimiento a las mostradas para la población mayor. Por el contrario, el gasto en los hogares encabezados por ocupados o por parados pierde, en términos relativos, 8 y 7 puntos, respectivamente. “En líneas generales, la desigualdad de consumo en España ha sido mucho más estable que la de ingresos en las dos últimas décadas. La primera también tiende a ser inferior a la segunda. Además, mientras que la desigualdad de ingresos es muy sensible al ciclo económico (sube con la crisis y baja con la recuperación), la de gasto tiene variaciones mucho menores. Esto confirma que los hogares suelen amortiguar sus oscilaciones de renta intentando mantener su nivel de consumo ahorrando (o desahorrando), o endeudándose”, explica Rodríguez, investigador de la Dirección de Estudios Sociales de Funcas. El análisis de Funcas también refleja la existencia de brechas persistentes según el origen y la posición socioeconómica, que apenas experimentan cambios en el periodo estudiado. Los hogares encabezados por nacidos en España mantienen un nivel de gasto claramente superior al de los encabezados por nacidos en el extranjero, con una diferencia media del 27% en el periodo 2011-2025 que apenas cambia con el tiempo. Algo parecido ocurre si se tiene en cuenta la ocupación de los sustentadores principales: si su ocupación es de nivel alto gastan mucho más que los de ocupaciones de nivel bajo, pero el orden relativo apenas se altera desde 2012. Para Rodríguez, “de este análisis se derivan al menos tres consideraciones para la conversación pública sobre la desigualdad. La primera es que este debate, centrado casi siempre en los ingresos, gana matices al incorporar el consumo, puesto que el bienestar material de los hogares está repartido de forma menos desigual, y menos cambiante, de lo que sugieren las cifras de renta. La segunda conecta con la discusión del equilibrio entre generaciones, y la tercera es la relativa a la brecha de gasto según el país de nacimiento del sustentador principal. Pese a que en estos tres lustros la población inmigrante ha atravesado distintas fases del ciclo migratorio, no se aprecia convergencia de sus niveles de consumo con los de los hogares autóctonos, lo que sugiere que ni el paso del tiempo ni el crecimiento económico bastan, por sí solos, para cerrar esa distancia.”
