Vive en una pequeña casa y junto a ella un profesor de deportes con el que se lleva muy bien pero que no se han decidido a regularizar su situación. Junto a ellos un policía finlandés que está en prácticas y que también arrastra un drama familiar. Una tercera policía, la jefa, es el conjunto de la comisaría.
Un elemento especial de la novela, característico de todas las novelas nórdicas policiacas es el clima adverso que sirve de escenario, contribuyendo a la intriga con sus días muy cortos y la oscuridad que desdibuja todo, la nieve, las tormentas, el viento huracanado y el hielo. Junto con el clima un paisaje terrorífico ya que la novela transcurre en invierno.
Todo comienza con la presentación de un personaje que es un abusador y el relato de la desaparición de las niñas. Una avalancha de nieve que dejará todas unas casetas de verano sepultadas dan paso al primer cadáver. A este le suceden otros que aparentemente no tienen nada que ver los unos con los otros y que no es fácil relacionarlos a no ser por un detalle que resulta significativo y que al final no solo será relevante sino que se descubrirá su lógica.
El trabajo de los tres policías es enorme y las pistas pequeñas, pero con una investigación exhaustiva y un repaso a periódicos antiguos irán marcando el camino para resolver el caso.
Todas están novelas tienen un patrón muy similar: sus personajes son patológicos y sus motivaciones siempre tienen una historia detrás que desencadena una tragedia. Todo en una sociedad individualista con valores muy simples y muy pegados al suelo y una ausencia de planteamientos mínimamente trascendentales. El lector ya sabe que no va a encontrar personajes admirables.
Mantiene la atención, aunque haya saltos temporales, la forma de llevar la acción es buena y los personajes son lógicos y reales. Como otras veces, aunque la solución es necesaria, no es lo mejor de la novela.
Huellas en los fiordos
Satu Ramö
Salamandra (2026)
págs. 349
