La AEMET ha advertido de un riesgo de incendios «extremo o muy alto» en amplias zonas de España debido a las altas temperaturas, la sequedad de la vegetación y la aparición de tormentas secas. Además, los incendios forestales están evolucionando hacia fenómenos más rápidos y difíciles de controlar. Distintas fuentes señalan que el calor extremo y las condiciones meteorológicas adversas aumentan la virulencia de los fuegos.
En concreto, España se enfrenta a varios factores de riesgo:
• Abandono rural y despoblación de amplias zonas forestales.
• Acumulación de biomasa y vegetación sin gestionar.
• Aumento de episodios de calor extremo.
• Urbanizaciones y viviendas cada vez más próximas a zonas forestales.
• Fragmentación administrativa entre distintas comunidades autónomas.
Una vez mas no queda mas remedio que señalar nobasta con apagar incendios; hay que prevenirlos. Y eso ¿como se hace?
• Limpiando sistemáticamente de montes.
• Creando de cortafuegos estratégicos.
• Aprovechando energético de la biomasa forestal.
• GenerandoiIncentivos económicos para actividades forestales y ganaderas extensivas.
Y es que, los llamados «incendios de sexta generación» superan con frecuencia la capacidad local de respuesta.
Sería conveniente:
• Un mando operativo nacional reforzado para emergencias extraordinarias.
• Más medios aéreos permanentes.
• Brigadas especializadas desplegables en cualquier comunidad autónoma.
Por otra parte, si se fortaleciese el mundo rural, los territorios habitados sufriría menos incendios devastadores. Y si a ello se sumasen nuevas políticas como
• Incentivos fiscales para vivir y emprender en zonas rurales.
• Apoyo a la ganadería extensiva, que reduce el combustible vegetal.
• Desarrollo de industrias ligadas al aprovechamiento forestal.
Acompañadas de nuevas capacidades tecnológicas
• Sistemas de alerta temprana mediante satélites, drones e inteligencia artificial.
• Monitorización continua de zonas de alto riesgo.
• Mejora de las comunicaciones de emergencia.
La situación sería otra y aunque los incendios tienen múltiples causas, las olas de calor intensas aumentan el riesgo y la magnitud de los fuegos podría hablarse de una nueva dinámica en al que claro esta, habría que adaptar los planes forestales a escenarios climáticos más extremos, reforestar con especies más resistentes al fuego y a la sequía y proteger especialmente las zonas de interfaz urbano-forestal.
En concreto, la prioridad debería ser pasar de una política centrada principalmente en la extinción a una política centrada en la prevención. España dispone de profesionales de extinción altamente cualificados, pero la amenaza actual exige una transformación profunda de la gestión forestal, la revitalización del medio rural y una estrategia nacional coordinada para reducir el riesgo de grandes catástrofes.

