Los resultados muestran que, aunque ambos sectores evolucionan, el liderazgo sigue en manos de marcas consolidadas: BBVA en banca y MAPFRE en seguros. Sin embargo, los jóvenes ya no buscan únicamente custodiar su dinero o proteger bienes, sino entidades que les acompañen, simplifiquen decisiones y aporten tranquilidad.
En banca, cambia la expectativa: aunque el 62% sigue priorizando la función tradicional de guardar el dinero, crece la demanda de valor añadido. Un 35% espera ayuda para hacerlo crecer y un 32,4% demanda orientación financiera. La banca pasiva pierde peso frente a modelos más útiles en el día a día, donde el reto es convertirse en un “copiloto financiero”.
En inversión, persiste un amplio margen de crecimiento: el 53,25% de los jóvenes aún no invierte. Entre quienes sí lo hacen, destacan plataformas digitales como Revolut o Trade Republic, que superan a bancos tradicionales gracias a su simplicidad, accesibilidad y experiencia de usuario.
El ranking confirma esta transformación. En banca, BBVA lidera, seguido de Santander y Revolut, lo que evidencia el avance de los neobancos. En seguros, MAPFRE encabeza la clasificación, seguida por Mutua Madrileña y Sanitas, reflejando el peso de la confianza acumulada, aunque con el reto de adaptarse a nuevos códigos.
● Revolut se posiciona entre los tres bancos más relevantes para los jóvenes, confirmando que la banca digital ya compite al mismo nivel que las entidades tradicionales.
● La Generación Z demanda acompañamiento financiero para ahorrar e invertir, una necesidad especialmente relevante si se considera que el 53,25% aún no invierte su dinero.
● El estudio Relevance Pulse Wealth 2026 de Mazinn, revela una transformación en la relación de los jóvenes con las entidades financieras y seguros.
En el ámbito asegurador, el principal valor para los jóvenes es la tranquilidad (53,1%), seguido de la salud y la protección frente a imprevistos. Además, surgen nuevas necesidades ligadas al estilo de vida —dispositivos, viajes, movilidad— que amplían el papel de los seguros más allá de los bienes tradicionales.
En definitiva, banca y seguros afrontan un mismo desafío: dejar de ser simples proveedores de servicios para convertirse en aliados cotidianos. La relevancia ya no se basa solo en la confianza histórica, sino en la capacidad de ofrecer cercanía, utilidad y acompañamiento real a una generación que busca seguridad, pero también control y autonomía sobre su futuro.
