Este inicio anticipa un año especialmente intenso, sobre todo con un segundo semestre tradicionalmente más activo. Frente a años anteriores, las altas crecieron un 13% respecto a 2016 y un 17,6% frente a 2019, además de un 2,53% interanual. Enero lideró las cifras, seguido de abril, febrero y marzo, todos con avances relevantes.
Desde 2016, las jubilaciones superan normalmente las 100.000, salvo en 2020 por la Covid. Para 2026 se prevén unas 350.000, impulsadas por la llegada del ‘baby boom’, lo que aumenta la presión sobre el sistema.
El envejecimiento, la baja natalidad y la mayor esperanza de vida elevan el gasto en pensiones, que ya ronda el 13% del PIB, planteando retos de sostenibilidad.
Por otra parte, uno de los principales cambios de la primera legislatura del PSOE fue la aprobación de la reforma de las pensiones que vinculó las prestaciones al IPC para evitar que los jubilados perdieran poder adquisitivo en los periodos de mayor inflación. Desde 2018, el primer año completo de gobierno de Pedro Sánchez, la pensión media ha pasado de 1.074 euros a 1.497 euros. Es decir, ha crecido un 40%.
Este mayor ritmo de crecimiento respecto a otras rentas es precisamente una de las cuestiones sobre las que alerta el informe Situación de las pensiones en España, elaborado por la consultora KPMG. El documento advierte de un “desajuste estructural” en el sistema, ya que “los ingresos crecen a ritmos inferiores a los gastos comprometidos, reforzando la presión sobre el equilibrio financiero”.
Una de las formas de observar esta evolución es a través de la base media de cotización, un indicador que sirve para aproximar el salario medio, aunque excluye las rentas que superan la base máxima. Desde 2018, esta ha pasado de 1.772 euros a 2.269 euros, lo que supone un incremento del 28%, doce puntos menos que la pensión media.
La diferencia también se aprecia al analizar la Encuesta de Estructura Salarial, que sí incluye el conjunto de las remuneraciones. Según esta estadística, los salarios han crecido un 23% desde 2018. El dato, sin embargo, solo está disponible hasta 2024 y no incorpora las subidas salariales de 2025. Tomando ese mismo periodo, la pensión media aumentó un 33%. Es decir, las pensiones han crecido alrededor de un 45% más que los salarios.
En concreto, el informe recuerda que la base media de cotización creció entre un 3% y un 4% anual en 2024 y 2025, por debajo del ritmo al que avanzan tanto el gasto en pensiones como la pensión media. Esta última, revalorizada conforme al IPC, aumentó entre un 4% y un 5% anual durante ese mismo periodo.
La principal diferencia entre las pensiones y los salarios es que la revalorización de las primeras está blindada al IPC. Los sueldos, en cambio, aumentan a través de la negociación colectiva entre empresas y sindicatos, de las subidas del salario mínimo aprobadas por el Gobierno o de los acuerdos alcanzados entre trabajadores y compañías. Es decir, no cuentan con un incremento garantizado. El fuerte repunte de la inflación registrado entre 2022 y 2023 explica buena parte de esta evolución. La reforma obliga a actualizar las pensiones con el IPC medio del año anterior, lo que provocó revalorizaciones históricas del 8,5% en 2023 y del 3,8% en 2024. Estas cifras contrastan con las subidas de salario pactadas por convenio. Según los datos del Ministerio de Trabajo, en 2023 se pactó un incremento salarial medio del 3,61% y en 2024 del 3,27%.
A esta medida para garantizar el mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas, por otro lado, se agrega el acceso a la jubilación del ‘baby boom’. Un grupo de trabajadores que entran al sistema con una pensión más elevada debido a sus carreras laborales más largas y mayores cotizaciones.
Otra de las cuestiones que destaca KPMG es la diferencia entre el crecimiento del gasto y el aumento de los ingresos del sistema. Según la consultora, el desembolso en pensiones aumentó un 7,4% en 2025 respecto al ejercicio anterior -una cifra que tiene en cuenta tanto las pensiones contributivas como las no contributivas-.
En ese mismo periodo, las cotizaciones sociales abonadas por trabajadores y empresas crecieron un 5,5%. Es decir, el gasto avanzó a mayor velocidad que los ingresos destinados a financiarlo. De hecho, entre 2024 y 2025 el Estado tuvo que incrementar un 9% las transferencias a la Seguridad Social para completar la financiación del sistema.
