Aragón podría destinar hasta la mitad de su producción energética a servidores antes de 2030. Madrid ya suma proyecciones de inversión de 23.400 millones en esta infraestructura. El problema no son los centros de datos: son parte inevitable de la economía digital. El problema es seguir pensando que una red centralizada puede absorberlo todo.
La respuesta más eficaz no es solo ampliar líneas de transmisión, aunque también sea necesario, sino reducir la presión desde la base. Cada hogar y cada empresa que genera su propia electricidad mediante autoconsumo fotovoltaico es un punto menos de tensión en el sistema. Con el potencial solar de España, depender al 100% de una red que ya está al límite mientras le añadimos una demanda de este calibre es un riesgo que no nos podemos permitir.
Pero hay otro recurso en juego que se menciona poco: el agua. Los grandes centros de datos consumen millones de litros en sistemas de refrigeración evaporativa, en un país que ya convive con sequías estructurales. La aerotermia, que extrae energía del aire sin consumir agua en el proceso, representa una alternativa tecnológicamente madura y accesible. La combinación de fotovoltaica y aerotermia —la que ya están adoptando miles de hogares y empresas en España— demuestra que es posible climatizar y operar con eficiencia sin comprometer los recursos hídricos locales. Es el modelo que el sector tecnológico debería estar mirando.
