Su EBITDA cayó un 22,8%, hasta 128 millones.
Los cortes de la línea Madrid-Andalucía tras el accidente de Adamuz, los problemas en el tramo de Málaga y las restricciones de velocidad en el corredor de Barcelona provocaron una fuerte caída de la actividad y de la demanda. Los ingresos de los servicios comerciales, que incluyen el AVE, descendieron un 12%, hasta 609 millones de euros.
El impacto también se reflejó en el tráfico de viajeros. Renfe transportó 248,2 millones de pasajeros hasta junio, casi 30 millones menos que un año antes. Los descensos fueron especialmente acusados en los corredores de Andalucía y Barcelona, mientras que las rutas hacia Valencia y Alicante mostraron una evolución más favorable.
En Cataluña, las interrupciones en Rodalies tras el accidente de Gelida agravaron el deterioro de la demanda, con una caída del 14,6% en el número de usuarios. En conjunto, los servicios financiados por el Estado registraron un retroceso del 12%.
Pese a la reducción de viajeros, la subida de tarifas y el aumento de las ventas de billetes permitieron amortiguar parcialmente el golpe. La compañía asegura que los ingresos comenzaron a recuperarse a partir del segundo trimestre y destaca que agosto ya se cerró con resultados positivos en Renfe Viajeros.
A las dificultades de la alta velocidad se suma la debilidad de Renfe Mercancías, que volvió a registrar pérdidas operativas y una caída de ingresos superior al 23%.
Como parte de su estrategia comercial, la empresa presentará esta semana un nuevo sistema de ventas destinado a integrar todos sus canales de atención y comercialización.
