El informe pone de relieve que el aumento de la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos obliga a repensar el diseño, mantenimiento y operación de las infraestructuras energéticas. En este nuevo contexto, garantizar la continuidad del suministro ya no depende únicamente de reparar los daños, sino de anticiparlos, adaptar las redes y reforzar la capacidad de recuperación del sistema.
El estudio toma como referencia la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) que afectó a la Comunidad Valenciana en octubre de 2024, un episodio de gran magnitud que evidenció tanto la vulnerabilidad de determinados activos como la solidez de la respuesta operativa del sector energético. Este evento provocó graves daños materiales, afectó a miles de infraestructuras y tuvo un impacto económico significativo, poniendo de manifiesto la necesidad de avanzar hacia sistemas energéticos más resilientes. Durante la emergencia, las infraestructuras energéticas se vieron sometidas a una elevada exigencia. En el ámbito eléctrico, el impacto fue significativo, con más de 173.000 hogares sin suministro y más de 500 centros de transformación dañados. No obstante, la rápida actuación de los operadores permitió restablecer el servicio al 99% en menos de 72 horas. En paralelo, las infraestructuras gasistas operaron con un alto grado de solidez. Aunque se interrumpió el suministro de forma preventiva a más de 24.000 clientes, el servicio se recuperó completamente en un plazo de tres semanas, garantizando en todo momento la seguridad del sistema.
El análisis destaca el papel esencial de la energía en la sociedad moderna, especialmente en situaciones de emergencia, donde resulta imprescindible para garantizar el funcionamiento de servicios críticos como hospitales, sistemas de comunicación, transporte o centros de coordinación. La interrupción del suministro energético en estos contextos tiene consecuencias directas sobre la seguridad, la salud y la actividad económica, lo que refuerza la importancia de contar con infraestructuras preparadas para resistir y recuperarse ante eventos extremos. Entre las principales conclusiones, el estudio señala que la resiliencia energética debe abordarse desde un enfoque integral que combine anticipación, inversión y coordinación. La digitalización de las redes, el desarrollo de sistemas de monitorización y alerta temprana, la diversificación de las fuentes de energía y la incorporación de soluciones de almacenamiento son elementos clave para mejorar la capacidad de respuesta del sistema.
Asimismo, se subraya la necesidad de adaptar el diseño de las infraestructuras mediante actuaciones como el refuerzo estructural, el soterramiento selectivo de líneas o la protección de instalaciones en zonas vulnerables a inundaciones. Estas actuaciones requieren inversiones relevantes, pero se consideran prioritarias para reducir los impactos futuros y garantizar la continuidad del suministro.
El informe también destaca que la resiliencia energética no depende únicamente de soluciones técnicas, sino de una adecuada planificación y coordinación entre administraciones, empresas y organismos reguladores. La experiencia de la Comunidad Valenciana, junto con el análisis de otros eventos internacionales, pone de manifiesto que la anticipación, la cooperación y la inversión en resiliencia son factores determinantes para afrontar un escenario climático cada vez más exigente.
El estudio pone de relieve que la resiliencia energética no depende únicamente de soluciones técnicas, sino también de la coordinación entre administraciones, empresas y organismos reguladores. La planificación debe integrar criterios territoriales, regulatorios y sociales, así como fomentar la colaboración entre todos los actores implicados. En este contexto, subraya también la importancia de contar con empresas preparadas, no solo desde el punto de vista inversor, sino con la capacidad operativa y la experiencia necesarias para actuar con rapidez y eficacia ante situaciones de emergencia.
La experiencia de la Comunidad Valenciana, junto con el análisis de otros eventos internacionales —como huracanes o inundaciones en Europa y Estados Unidos—, demuestra que la anticipación, la inversión y la colaboración entre actores son determinantes para mejorar la capacidad de respuesta ante un escenario climático cada vez más exigente.
Diferentes visiones de un mismo problema
En la apertura de la jornada, Raúl Mérida, Comisionado para la Recuperación de la Generalitat Valenciana, ha recordado los graves daños sufridos durante la DANA en infraestructuras energéticas, que llegaron incluso a provocar la desconexión de la Comunidad Valenciana de la red nacional. “Una de las enseñanzas que extraemos de esta experiencia es la necesidad de aumentar nuestra resiliencia frente a los impactos de estos fenómenos. Para ello, desde la Generalitat estamos impulsando iniciativas como el gemelo digital, que aumentará nuestra capacidad de anticiparnos a los riesgos, o el Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática, que permitirá convertir los datos y la información meteorológica en herramientas útiles para tomar mejores decisiones públicas mediante el uso de la inteligencia artificial”, ha señalado Mérida.
Por su parte, Débora Domingo-Calabuig, vicerrectora de Desarrollo Sostenible de los Campus de la UPV, ha señalado que “este trabajo pone de manifiesto el papel de la Universidad Politécnica de Valencia como garante de un conocimiento riguroso y útil, al servicio de la sociedad. Estudios como este demuestran que la ciencia es imprescindible para anticipar riesgos, orientar decisiones y dar respuesta tanto a situaciones inmediatas de emergencia como a retos complejos como el cambio climático”.

