Barrero, tras recordar que el uso del gas se incrementó en el marco de la operación reforzada aplicada por Red Eléctrica tras el apagón, apuntó que la primera lección del cero peninsular es que “si no hay seguridad de suministro, no hay nada”. «Al final, la competitividad y la sostenibilidad son objetivos irrenunciables, pero si no hay seguridad de suministro todo se cae como un castillo de naipes”. También señaló como un aprendizaje del 28 de abril “la necesidad de tener un mix energético diversificado que permita cumplir efectivamente con ese triple objetivo de sostenibilidad, competitividad y seguridad” y añadió que “se ha visto claramente reforzado el papel de los ciclos combinados como una herramienta que ya se veía fundamental para compensar esa transición energética y aportar esa flexibilidad y esa garantía de suministro que requería el sistema eléctrico”.
Además, como consecuencia del apagón, destacó que se ha revelado el papel del gas en el control de la red, también a tiempo real, aportando control de tensión e inercia. “El apagón nos ha puesto de manifiesto efectivamente que muchas veces el valor de la seguridad de suministro no está bien calibrado” y que “las infraestructuras siempre se han visto como un coste en el que es difícil valorar cuál es el valor intrínseco de tener garantizado el suministro”, concluyó.
Por su parte, Batalla, tras señalar el incremento del uso de los ciclos combinados de gas tras el apagón “para dar estabilidad al sistema”, incidió en la importancia de esas instalaciones para la recuperación del sistema en pocas horas, gracias a su flexibilidad. “Esa noche, la noche del 28 de abril, los ciclos combinados juntamente con la interconexión y la hidráulica fueron los que permitieron el tema del restablecimiento del suministro eléctrico”, recordó. A este respecto, indicó que durante el proceso de restablecimiento se llegó a superar el 50% de la contribución del gas a la generación eléctrica, “lo cual es una muestra inequívoca de la importancia y la relevancia que tiene su flexibilidad y de la contribución de los ciclos combinados”, valoró.
Por todo ello, concluyó que es necesaria «una transición energética pragmática, donde van a contribuir todas las palancas de descarbonización y de competitividad, y donde las infraestructuras no se deben ver como un coste o como un legado del pasado, sino como una palanca que nos tiene que permitir avanzar”
