Aunque resultaba previsible que se pudiesen producir contratiempos en las negociaciones, el memorando de entendimiento ha tenido una vigencia incluso más corta de lo que nos podríamos haber imaginado. La reanudación de las hostilidades, la nueva paralización del estrecho de Hormuz y las disrupciones en el Mar Rojo provocaron que el precio del Brent ascendiera por encima de los $100 por barril la semana pasada. En paralelo, las expectativas de subidas de tipos en la eurozona volvieron a ascender y el BCE no ha tenido mayor opción que mantenerlas vivas de cara a su reunión de septiembre.
En la reunión de este mes, el BCE no movió ficha, en línea con las expectativas del mercado, pero sí dejó la puerta abierta a un posible endurecimiento monetario en su próxima cita. Las comunicaciones de la institución fueron claramente hawkish: subrayaron que la inflación se mantendría por encima del objetivo durante la primera mitad del 2027 y algunos gobernadores plantearon la posibilidad de subir los tipos en esa misma reunión.
A primera vista, los datos no apuntan a una necesidad imperiosa de endurecer la política monetaria. Aunque el crecimiento del segundo trimestre ha sorprendido al alza, sigue siendo moderado. Además, la inflación subyacente está relativamente contenida y no hemos observado efectos de segunda ronda, de momento. No obstante, cuanto más se prolongue el conflicto de Irán, más aumentarán las probabilidades de que estos últimos emerjan, complicando la convergencia de la inflación hacia el nivel objetivo.
En este sentido, el BCE estará muy atento a los dos informes de inflación que se publicarán antes de la próxima reunión en septiembre, además de los PMI para valorar cómo está evolucionando la actividad económica. Si no se produce un acuerdo de paz duradero antes de dicha reunión que permita una recuperación del tráfico por el estrecho de Hormuz, creemos que al BCE no le quedará mejor opción que volver a subir los tipos de interés. Dado que el mercado asigna una alta probabilidad a este escenario, creemos que el repunte del Euribor a 12 meses sería relativamente contenido. Si, de forma inesperada, se evitara este escenario y las expectativas de subidas de tipos empezaran a moderarse, sí que esperaríamos una caída notable de este indicador de referencia. Sin embargo, este último escenario parece, a día de hoy, el menos probable.
