La atención estaba puesta principalmente en la actualización de las proyecciones económicas. La inflación, tanto general como subyacente, se revisaron varias décimas al alza en 2026 y 2027, mientras que el crecimiento se ajustó ligeramente a la baja.
En su comunicado y la rueda de prensa, el banco quiso transmitir tranquilidad al señalar que está «bien posicionado» para hacer frente a la incertidumbre derivada de la guerra en Irán. En general, el tono de las comunicaciones nos ha resultado un tanto hawkish pero, ante todo, evasivo. Lagarde reiteró el enfoque de reunión a reunión y, aunque rechazó calificar la subida de tipos como una medida preventiva aislada, tampoco confirmó si se trata del inicio de un nuevo ciclo de subidas.
Aunque la guerra en Irán continúa, resulta alentadora la reciente estabilización de los precios del petróleo y su menor sensibilidad a los vaivenes de las negociaciones. También nos parece positivo el hecho de que las expectativas de inflación a largo plazo sigan bien ancladas. Tras la reunión de ayer, los mercados están descontando plenamente otra subida después del verano, y parcialmente una tercera. Aunque reconocemos la posibilidad de un nuevo endurecimiento de la política monetaria del BCE este año, no consideramos ni mucho menos que esté garantizado. En este contexto, el Euríbor a 12 meses podría estabilizarse en torno a los niveles actuales, a no ser que se produzcan avances en las negociaciones con Irán que provoquen una caída en las expectativas de tipos en la eurozona.

