Y ahí es donde la subida de los tipos no solo parece inútil, sino incluso perjudicial. Subiendo los tipos no se consigue que baje el precio del petróleo ni que se reabra el estrecho de Ormuz. Lo que sí se consigue es frenar un crecimiento que ya estaba débil. Y si el crecimiento se frena, caen los ingresos fiscales, se amplía el déficit, crece la deuda y suben los tipos. El problema de la zona del euro es el crecimiento. Y únicamente el crecimiento. En este contexto, el analista de mercados independiente Franco Macchiavelli señala la incoherencia: «El movimiento que deja la facilidad de depósito en el 2,50% estaba descontado y no aporta gran cosa, de modo que lo interesante hay que buscarlo en las nuevas proyecciones, donde el banco reconoce por primera vez que la inflación no volverá a su objetivo del 2% en todo el horizonte de previsión y sitúa la subyacente todavía por encima en 2028. Resulta llamativo además que endurezca su política justo cuando mejora las perspectivas de crecimiento, lo que significa que está apretando con la economía aún resistiendo y no por debilidad, más allá que, de forma secular, la economía europea no parece arrancar del todo.”
«En Estados Unidos el guion se repite, con un índice de precios de producción que sube hasta el 5,4% interanual, otra vez de la mano de la energía, si bien la parte subyacente ya avanza al 4,7%, señal de que el encarecimiento de los costes ha dejado de ser un problema exclusivo del petróleo para empezar a notarse en el conjunto de la cadena. Lo relevante de este momento es que los dos grandes bancos centrales se inclinan a endurecer frente a un problema de oferta y no de demanda, una posición complicada porque subir tipos no abarata el crudo y lo único que consigue es enfriar una demanda que ya venía floja. Y si aun así han decidido proteger su credibilidad a costa del crecimiento, es una apuesta razonable en la que, no nos engañemos, quien más se juega es Europa».
Mientras tanto, pánico en el mercado de deuda a largo plazo. El repunte de los precios del petróleo ha llevado las rentabilidades de los bonos soberanos a 10 años a rozar o superar umbrales simbólicos. El estadounidense se acerca al 5%, el francés supera el 4,40% y el alemán, el 3,50%. Esa subida frenará el crecimiento estadounidense y añadirá presión sobre el de la zona del euro.
Antonella Manganelli, consejera delegada de Payden & Rygel para Europa, apunta un factor añadido: «el contexto sigue siendo complejo para los mercados de renta fija europeos. A las señales más restrictivas del BCE se suman el impacto de la subida de las materias primas y una cuestión cada vez más relevante relacionada con la oferta, ya que los elevados niveles de emisiones públicas pueden ejercer una presión adicional sobre los rendimientos a través de un efecto de expulsión (crowding out, en inglés). En este escenario, consideramos que la volatilidad de los tipos de interés podría mantenerse elevada y que el BCE mantendrá un enfoque fuertemente dependiente de los datos, sin comprometerse con una trayectoria preestablecida de los tipos.”

