Cuando surge una polémica, una investigación o una crítica que puede perjudicarle, el debate deja de centrarse en los hechos para transformarse en una cuestión de lealtades partidistas. Todo se presenta como un ataque de la oposición, de determinados medios o de supuestos intereses ocultos. De esta manera, se evita responder al fondo de los problemas y se desplaza la atención hacia la confrontación ideológica.
El resultado es una creciente polarización y la sensación de que el interés político del Gobierno está por encima de la necesaria transparencia y rendición de cuentas.
Es mas, da la impresión de que en el Gobierno existe una máxima inquebrantable: si un problema puede perjudicarles, hay que politizarlo cuanto antes. Lo que para cualquier ciudadano sería una cuestión de gestión, responsabilidad o explicación pública, acaba convertido en una épica lucha entre buenos y malos. Así, el foco deja de estar en los errores o en las preguntas incómodas y pasa a centrarse en quién está detrás de las críticas. Una estrategia eficaz para cambiar de conversación, aunque bastante menos útil para resolver los problemas que dieron origen a ella.
Como ejemplo de esta absurda manera de entender la convivencia basten unos pocos ejemplos recientes:
• La dana de octubre de 2024: mientras el país afrontaba las consecuencias de la catástrofe que causó centenares de víctimas, el debate político derivó rápidamente hacia la búsqueda de responsabilidades políticas, especialmente en torno a la gestión de la Generalitat Valenciana y de su entonces presidente, Carlos Mazón.
• La crisis migratoria en Ceuta: tras el asalto masivo a la frontera, miembros del Gobierno pasaron de los mensajes iniciales de cooperación institucional a intercambiar acusaciones con el Partido Popular y el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, vinculando la situación al debate sobre inmigración y a las alianzas políticas de la oposición.
• La implicación de la Corona en la crisis con Marruecos: la propuesta de que el Rey Felipe VI agradeciera la colaboración de Marruecos y las posteriores críticas por no hacerlo fueron interpretadas por algunos sectores como un intento de trasladar la polémica hacia la institución monárquica.
• El accidente ferroviario de Adamuz: pese a tratarse de un siniestro relacionado con infraestructuras ferroviarias, el debate político se centró también en la actuación del servicio andaluz de emergencias 112, generando un enfrentamiento entre el Gobierno central y la Junta de Andalucía.
Se comprueba así que el Gobierno tiende a convertir el foco principal en la disputa política y el reparto de responsabilidades, lo que para sus detractores contribuye a aumentar la polarización y a desplazar la atención de la gestión de los problemas.
