El diario destaca como rasgo diferencial el origen mayoritario de los inmigrantes —principalmente de Latinoamérica—, cuyos vínculos culturales y lingüísticos facilitan una rápida integración laboral y social.
Mientras la mayoría de las economías avanzadas han endurecido sus políticas migratorias, España avanza en sentido contrario. Según el FT, el país suma cada año cerca de 600.000 residentes nacidos en el extranjero, un flujo que ha revertido por completo las previsiones demográficas. Eurostat prevé que España será el país europeo con mayor crecimiento de población entre 2025 y 2050, hasta rozar los 54 millones de habitantes, en contraste con el retroceso esperado en la UE.
El impacto económico ya es notable. En los últimos años, España ha sido uno de los principales motores de crecimiento y empleo en Europa. Desde 2020 ha generado uno de cada cuatro nuevos puestos de trabajo del bloque, la mayoría ocupados por inmigrantes. Este fenómeno ha impulsado al alza el crecimiento potencial de la economía, que el Banco de España sitúa ya ligeramente por encima del 2%, gracias al aumento de la población en edad de trabajar y a la reducción del paro estructural.
Más allá de los datos macroeconómicos, el reportaje retrata un profundo cambio social. Empresarios de sectores como la construcción, la restauración o los servicios subrayan que la inmigración se ha vuelto esencial para cubrir vacantes en un país con una de las tasas de fertilidad más bajas de Europa y escasa mano de obra disponible para trabajos exigentes.
No obstante, el FT también señala los riesgos del modelo. Preocupa la concentración del empleo en sectores de baja productividad y la escasa mejora de los salarios reales, lo que limita el aumento del nivel de vida. A ello se suma el problema de la vivienda: el fuerte crecimiento de población ha intensificado la presión sobre un mercado ya marcado por la falta de oferta y el rápido encarecimiento de precios.
El gran interrogante, concluye el diario, es si este experimento resistirá un cambio de ciclo económico. En una fase expansiva, la economía absorbe la nueva mano de obra; una futura recesión pondrá a prueba la capacidad del modelo para sostener empleo, servicios y cohesión social.
