Las valoraciones también se han comprimido: el ratio precio/beneficio (PER) estimado del sector ha descendido de unas 27 veces a aproximadamente 20 veces en el mismo intervalo.
Esta desaceleración llega tras un periodo excepcionalmente sólido, marcado por tres años de auge pospandemia. Desde entonces, el impulso se ha ido diluyendo. En 2025, muchos de los principales grupos del sector registraron caídas de ventas o un crecimiento muy moderado. Los márgenes se encuentran bajo presión y la demanda procedente de China sigue sin recuperarse. Paralelamente, el buen comportamiento de sectores como el tecnológico, el de equipos eléctricos y el de defensa ha desviado el interés de los inversores hacia valores con menor sensibilidad cíclica y geopolítica, en detrimento de los valores de lujo y de consumo en general.
A pesar de los vientos en contra que persisten a corto plazo, la posibilidad de un rebote cíclico en la segunda mitad del año no ha desaparecido. Los fundamentos del sector siguen siendo sólidos: elevadas barreras de entrada (en los últimos cincuenta años han surgido muy pocas marcas globales nuevas), un fuerte poder de fijación de precios y un atractivo de marca duradero, todo lo cual proporciona ventajas competitivas estructurales a largo plazo.
A medio plazo, varios factores podrían contribuir a mejorar las perspectivas del sector. Un alivio de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio actuaría como catalizador a corto plazo. En un horizonte más amplio, el crecimiento podría verse impulsado por la fortaleza sostenida de la economía estadounidense, una estabilización progresiva de la demanda china y la recuperación de los flujos turísticos internacionales.
