El organismo advierte de que el mercado seguirá en déficit al menos hasta octubre, ya que la recuperación del suministro será lenta. Incluso en un escenario optimista, con el fin del conflicto en junio, el mercado permanecerá “gravemente desabastecido” hasta el final del tercer trimestre de 2026.
La AIE considera que la perspectiva es “sombría”. Aunque la desaceleración económica global está reduciendo el consumo, la caída de la demanda no compensa el fuerte shock de oferta. Entre marzo y junio, el déficit entre producción y consumo ronda los seis millones de barriles diarios. La oferta comenzará a recuperarse gradualmente en el tercer trimestre, pero no alcanzará a la demanda hasta octubre, cuando el mercado apenas entraría en un modesto superávit.
El problema de fondo es el agotamiento acumulado de los inventarios. La AIE estima que el déficit acumulado de líquidos petroleros alcanzará los 900 millones de barriles en septiembre de 2026. Pese a la liberación coordinada de 400 millones de barriles de reservas estratégicas, los inventarios comerciales siguen drenándose a un ritmo histórico. Reconstruirlos exigiría alrededor de un millón de barriles diarios adicionales durante al menos tres años, lo que implica que la tensión persistirá incluso si el conflicto se resolviera de inmediato.
La guerra ha provocado un shock de suministro sin precedentes. Las pérdidas acumuladas de los productores del Golfo superan los 1.000 millones de barriles, con más de 14 millones de barriles diarios paralizados. El cierre parcial del Estrecho de Ormuz ha alterado las rutas comerciales y disparado la volatilidad de precios: el Brent llegó a rozar los 144 dólares, cayó por debajo de los 100 y volvió a estabilizarse en torno a los 110 dólares.
Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han intentado amortiguar el impacto desviando exportaciones fuera de Ormuz, mientras los países consumidores recurren de forma intensa a sus reservas. Entre marzo y abril, las reservas observadas cayeron en 250 millones de barriles. La AIE advierte de que estas medidas alivian el golpe, pero el margen de maniobra se estrecha rápidamente.
Otros productores, como Estados Unidos, Brasil, Canadá, Kazajistán y Venezuela, están aprovechando el vacío, al igual que Rusia, que ha incrementado exportaciones por la caída del consumo interno. En paralelo, grandes consumidores como China, Japón, Corea del Sur e India han reducido importaciones. China recortó sus compras marítimas en 3,6 millones de barriles diarios entre febrero y abril, mientras la actividad refinadora global cayó unos cinco millones de barriles diarios interanuales.
La AIE prevé que la demanda mundial de petróleo se contraiga en 2,4 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2026 y cierre el año con una caída de 420.000 barriles frente a 2025. Aunque la destrucción de demanda y las reservas estratégicas han evitado una ruptura total del sistema, el mercado sigue en una situación extremadamente frágil y expuesto a nueva volatilidad de precios antes del pico de demanda veraniega. El petróleo vuelve así a situarse en el centro del tablero geopolítico y económico mundial.
