Paradójicamente, esta mayor dependencia de España se da en plena escalada bélica en el estrecho de Ormuz. El diésel —junto con el queroseno— es un combustible clave para el jet fuel, que es el demandado entre abril y octubre, coincidiendo con la temporada de verano. España, como el resto de Europa, es net short (es decir, que consume más diésel del que producen sus refinerías), lo que convierte este producto en el más deseado. En el primer trimestre, se han importado las siguientes cantidades procedentes de Arabia Saudí: 136.000 toneladas en enero; 160.000 toneladas en febrero y 74.000 toneladas en marzo. En total, 369.000 toneladas en el primer trimestre del año. Una cantidad que solo en los tres primeros meses ya supera la importada en el último lustro: 2021, 2022, 2023, 2024 y 2025.
Por otro lado, el segundo máximo proveedor de diésel es un sospechoso nuevo socio de España: Singapur. La isla asiática ha importado 101.000 toneladas en enero, 118.000 toneladas en febrero y 103.000 toneladas en marzo. En total, 323.000 toneladas. Numerosas voces del sector han alertado de que Rusia usa terceros países para vender su petróleo crudo, señalando a Turquía, Marruecos y Singapur como territorios palanca para colar su producto en Europa, vetado tras las sanciones de la Unión Europea a Rusia por la guerra en Ucrania. Desde finales de 2022, tanto el petróleo como sus derivados rusos están prohibidos comercialmente, lo que no ocurre con otro producto clave como es el gas.
