Con 2.371 millones de euros invertidos a fecha de hoy, Madrid ha superado a Cataluña, que apenas ha gastado 2.239 millones pese a contar con 1.000 millones más: la CAM recibió 3.256 millones por los 4.341 de Cataluña.
La diferencia es especialmente reveladora cuando se observa la tasa de ejecución: mientras Madrid ha movilizado el 73% de sus fondos, Cataluña apenas ha ejecutado el 51%. Es decir, la región catalana aún tiene sin gastar casi la mitad de lo que le fue asignado en un momento en que quedan solo cuatro meses para que expire el plazo.
Andalucía no sale mejor parada de la comparación. Con una asignación prácticamente idéntica a la de Cataluña, ha invertido sólo 1.969 millones, quedando rezagada en la carrera por ejecutar los recursos europeos. Madrid, con menos dinero disponible, ha demostrado una agilidad que sus competidoras no han conseguido replicar.
Lo más llamativo es cómo Madrid ha distribuido ese dinero. Ha llegado a casi 121.000 beneficiarios, casi 50.000 más que Cataluña. Eso no es un dato menor: sugiere una estrategia radicalmente distinta, basada en dispersar los fondos entre muchos destinatarios en lugar de concentrarlos en grandes proyectos. Los importes medios por beneficiario en Madrid son los más bajos del país, lo que refuerza esa hipótesis de capilaridad frente a concentración. El debate que plantean estos números va más allá del simple reparto presupuestario. Cuando una región ejecuta más dinero que otra con menor asignación, la cuestión deja de ser sobre equidad territorial para convertirse en un asunto de gestión administrativa. Madrid ha demostrado capacidad de decisión rápida, coordinación entre administraciones y capacidad de absorción de fondos que otras regiones no han conseguido materializar.
Restan apenas cuatro meses para que venza el plazo del Plan de Recuperación, y España aún tiene decenas de miles de millones por ejecutar. La carrera es contra el reloj y los datos indican que Madrid lleva considerable ventaja. Mientras Cataluña y Andalucía luchan por acelerar sus ritmos de gasto, la región madrileña ya ha atravesado casi tres cuartas partes de su camino.
