Sin embargo, el conflicto entre Irán y Estados Unidos ha alterado este escenario. Entre enero y mayo de 2026, las llegadas de turistas extranjeros descendieron un 2,56%, hasta 15,2 millones, mientras que en mayo la caída fue del 3,58%. El deterioro se atribuye al llamado “efecto contagio geopolítico”: aunque Turquía no participa directamente en la guerra, muchos viajeros perciben el Mediterráneo oriental como una zona menos segura. España, por el contrario, se ha beneficiado de este traslado de demanda turística.
El auge turístico turco se había apoyado en una potente conectividad aérea, una amplia oferta hotelera, el modelo de todo incluido y precios muy competitivos. Destinos como Antalya, Bodrum, Capadocia o Marmaris habían logrado competir directamente con Baleares, Canarias o la Costa del Sol.
El impacto de la crisis se aprecia especialmente en las zonas de sol y playa. Antalya ha perdido más del 9% de sus visitantes en los primeros cinco meses del año; Mugla, cerca del 10,5%; y Esmirna, un 4,2%. En las regiones próximas a Irán también se han registrado descensos significativos de ocupación hotelera.
No obstante, la guerra no explica por sí sola las dificultades del sector. Turquía arrastra desde hace años un grave problema de inflación que ha erosionado su principal ventaja competitiva: ofrecer una experiencia similar a la de otros destinos mediterráneos a precios más bajos. La inflación ronda actualmente el 32%, aunque algunos analistas la sitúan cerca del 50%.
Este encarecimiento ha elevado de forma notable los costes de hoteles y restauración, reduciendo la competitividad frente a España y Grecia. Incluso parte de la demanda interna empieza a optar por destinos alternativos en el Mediterráneo.
Aun así, Turquía conserva fortalezas importantes: una de las mayores redes aéreas del mundo, una enorme capacidad hotelera y experiencia para recuperarse de crisis anteriores. Además, mientras algunos destinos vacacionales pierden visitantes, Estambul sigue mostrando fortaleza, con un aumento de las reservas hoteleras.
Los analistas consideran que, si disminuye la tensión geopolítica y se normaliza el mercado energético, Turquía podría recuperar parte del terreno perdido durante los próximos meses.
