El presidente y consejero delegado de Meliá, Gabriel Escarrer, ha calificado de «descorazonador» que se impongan trabas a los viajeros por diferencias políticas entre dos países socios de la UE. Recuerda que Italia es el cuarto mercado emisor de turistas hacia España, con 5,68 millones de visitantes en 2025, y advierte de posibles efectos en destinos como Cataluña, Andalucía y Baleares.
Desde la patronal hotelera Cehat, su presidente, Jorge Marichal, considera que cualquier obstáculo a la libre circulación perjudica al turismo, aunque por ahora ve los controles como un gesto político sin un efecto relevante sobre las reservas. No obstante, reclama una gestión «ágil y eficiente» que evite demoras innecesarias para los viajeros.
En la misma línea, Hotusa señala que la actividad turística depende de la facilidad de movimiento y advierte de que cualquier incertidumbre en los desplazamientos puede terminar afectando al sector. La compañía confía en que las restricciones tengan una duración limitada y se preserve la conectividad dentro de Europa.
Otros expertos consideran prematuro evaluar consecuencias significativas. Bruno Hallé, de Cushman & Wakefield Hospitality, cree que un conflicto prolongado sí podría afectar a las reservas de última hora, especialmente en destinos muy dependientes del mercado italiano como Baleares, la Costa del Sol, Barcelona o Sevilla. Aun así, subraya que el impacto difícilmente alterará el récord previsto de más de 100 millones de turistas internacionales este año.
El origen del conflicto está en la llegada masiva de migrantes marroquíes a Ceuta a finales de julio. Italia respondió implantando controles temporales en sus conexiones aéreas y marítimas con España entre el 1 de agosto y el 1 de septiembre. El Gobierno español replicó con controles aleatorios a viajeros procedentes de Italia durante un periodo inicial de 30 días.
Desde la entrada en vigor de la medida, más de 1.000 pasajeros han sido identificados en aeropuertos españoles. Hasta el mediodía del lunes, las fuerzas de seguridad habían controlado a 1.033 viajeros llegados en 58 vuelos, principalmente en Barcelona, Madrid, Valencia, Alicante, Sevilla, Málaga y Bilbao.
