El repunte responde a la fuerte presión sobre los mercados de renta fija, impulsada por la persistencia de la inflación, el encarecimiento del petróleo y las crecientes expectativas de nuevas subidas de tipos de interés. El último dato de inflación en Estados Unidos reforzó la idea de que la Reserva Federal podría endurecer de nuevo su política monetaria.
La tensión también se ha trasladado a la deuda estadounidense, cuyo bono a diez años vuelve a rozar el 5%, un nivel que no se veía desde 2007. Este movimiento está arrastrando al alza las rentabilidades de la deuda europea.
Además, el Brent ha superado los 108 dólares por barril debido al agravamiento de las tensiones en Oriente Medio y a los problemas en infraestructuras energéticas clave. El mercado teme que el encarecimiento del petróleo vuelva a alimentar la inflación y obligue a los bancos centrales a mantener una política monetaria más restrictiva durante más tiempo.
España no es una excepción. La deuda francesa a diez años ha alcanzado el 4,5%, máximos desde 2008, mientras que el bono alemán ronda el 3,5%, niveles no vistos desde 2009.
Los inversores vigilan especialmente el umbral del 5% en el bono estadounidense, ya que podría aumentar la presión sobre las bolsas. Una deuda pública más rentable compite con la renta variable por el capital de los inversores y reduce el atractivo de las acciones al elevar el coste de financiación y las exigencias de rentabilidad futura.
