Por otro lado, la economía estadounidense sigue mostrándose dinámica, pero será difícil que el consumo se reacelere en próximos trimestres. De cara a los próximos trimestres seguimos esperando una depreciación gradual del dólar, apoyada en la mejora relativa del ciclo europeo (con un impulso fiscal aún pendiente de desplegarse) y una trayectoria de tipos que esperamos más favorable para el euro que la actualmente descontada por los mercados. A ello se suman unas las conocidas vulnerabilidad estructurales de EE. UU., con sus elevados déficits fiscal y exterior, aunque el dólar mantiene prácticamente intacto su estatus preeminente en el sistema internacional.
El dólar se mantuvo relativamente estable en su cruce frente al euro durante el verano. Osciló en su rango de los últimos 12 meses: en una banda estrecha (de unos 3 centavos de amplitud) en torno a los 1,16 dólares por euro, y también dentro del rango definido por sus medias históricas de largo plazo, situadas en torno a 1,12 (media a 10 años) y 1,22 (media a 20 años) dólares por euro. Esta estabilidad se explicó por diversas fuerzas contrapuestas a ambos lados del Atlántico:
Sorpresas positivas en los indicadores económicos de la eurozona de junio a septiembre, con un crecimiento del PIB que resistió mejor de lo esperado en el segundo trimestre pese al repunte en los precios energéticos. Además, los términos de comercio de la eurozona no se deterioraron tanto como en la guerra de Ucrania.Sorpresas negativas y cierta debilidad de los indicadores económicos de EE.UU. hasta agosto. La inversión en IA continúa soportando a la economía, pero la creación de empleo no parece de suficiente calidad como para permitir una reaceleración del consumo, con el crecimiento de las rentas de los hogares desacelerándose y con la tasa de ahorro cerca a sus mínimos históricos.El apetito por el riesgo en el mercado continúa elevado, y la reanudación del conflicto en Irán brindó un soporte adicional limitado al dólar.La llegada de Warsh a la Fed y su decisión de no dar orientación futura en los tipos de interés lastró a la divisa. Aunque en las últimas semanas ha quedado claro que el ritmo actual de desinflación es demasiado lento para la Fed, la incertidumbre respecto a próximas subidas de tipos es uno de los factores que mantiene al EURUSD desconectado del diferencial de tipos.
De cara a los próximos trimestres seguimos esperando una depreciación gradual del dólar dentro de los niveles en los que se ha movido en los últimos trimestres. Esta visión descansa en una mejora relativa del ciclo europeo, apoyada por el impulso fiscal aún pendiente de trasladarse plenamente a la actividad, y en una desaceleración muy gradual de la economía estadounidense.
Además, prevemos una subida adicional de tipos de interés por parte de la Fed y dos del BCE, frente a las tres que descuentan actualmente los mercados monetarios para ambos bancos centrales. Un eventual reajuste de esas expectativas hacia nuestro escenario debilitaría al dólar.
Los elevados déficits fiscales y exteriores siguen siendo una vulnerabilidad estructural del dólar. El anuncio del Tesoro estadounidense de recompras de deuda soberana a muy largo plazo, tras el aumento de las rentabilidades en verano, así lo evidenció: si las intervenciones limitan el ajuste del mercado de bonos, parte de la corrección tiende a trasladarse a la divisa, depreciándola.
