Hall, profesor en la Universidad de Stanford, y Woodford, catedrático en la Universidad de Columbia, desarrollaron nuevos modelos macroeconómicos que explican cómo las decisiones de hogares y empresas influyen en el comportamiento de la economía. Sus investigaciones permitieron reconstruir las herramientas de análisis económico tras la crisis de los modelos keynesianos durante la década de 1970, marcada por la combinación de inflación elevada, desempleo y bajo crecimiento.
Uno de los elementos clave de sus teorías es el papel de las expectativas. Según sus modelos, las decisiones de consumo, inversión o fijación de precios dependen de cómo ciudadanos y empresas perciben el futuro. Por ello, la comunicación de las políticas monetarias y fiscales puede influir directamente en la evolución de la actividad económica.
La Academia considera que estos avances han proporcionado una base teórica sólida para las políticas de estabilización utilizadas actualmente por bancos centrales y gobiernos de todo el mundo, mejorando la respuesta ante perturbaciones como las crisis energéticas o las caídas del consumo.
El premio está dotado con 12 millones de coronas suecas, que ambos economistas compartirán a partes iguales.
Aunque es uno de los galardones más prestigiosos de la disciplina, el Nobel de Economía no figuraba en el testamento de Alfred Nobel. Fue creado en 1968 por el Banco Central de Suecia y se otorgó por primera vez un año después.
