Aunque operan unas 4.500 entidades en la UE, muchas siguen limitadas por las fronteras nacionales, lo que reduce su tamaño, eficiencia y capacidad para canalizar crédito.
Bruselas sostiene que la resiliencia del sector debe ir acompañada de una mayor integración. Por ello, plantea eliminar trabas a la actividad transfronteriza y facilitar una gestión más eficiente del capital y la liquidez dentro de la Unión, sin renunciar a las garantías de estabilidad financiera ni a la cooperación entre supervisores.
Una de las medidas estrella permitiría liberar hasta 230.000 millones de euros en activos líquidos hoy inmovilizados por exigencias regulatorias. El objetivo es que los grupos bancarios puedan mover esos recursos entre países según las necesidades del mercado y destinarlos a financiar inversión y crecimiento.
La iniciativa se enmarca en la Estrategia de la Unión de Ahorros e Inversiones, con la que Bruselas pretende movilizar capital para sectores clave como la inteligencia artificial, la biotecnología o las energías limpias. La UE necesita invertir alrededor de 1,2 billones de euros al año para sostener su competitividad.
Además, la Comisión quiere reducir la carga regulatoria. Los bancos europeos destinan unos 11.200 millones de euros anuales al cumplimiento de obligaciones de información. Para aliviar ese coste, Bruselas propone recortar un 50% los datos que deben reportar e integrar los distintos sistemas de supervisión, estadística y resolución.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, defendió que facilitar la circulación del capital es esencial para impulsar el crecimiento, mientras que la comisaria de Servicios Financieros, Maria Luís Albuquerque, subrayó que la simplificación normativa debe ir acompañada de avances en la integración del mercado y en la culminación de la Unión Bancaria.
