Y es que los índices de fletes marítimos han repuntado con fuerza. El mercado está incorporando un mayor riesgo geopolítico en el Estrecho de Ormuz y, con él, mayores costes de transporte y primas de riesgo logísticas.
Los bonos ya reflejan cautela ante las presiones inflacionistas. La renta variable, en cambio, permanece cerca de máximos, confiando en la capacidad de las empresas para adaptarse. La divergencia entre ambos mercados empieza a ser significativa.»
«Los fletes marítimos y el mercado de bonos ya están enviando señales. La pregunta es si la renta variable las está ignorando.
En las últimas semanas, el foco del mercado se ha centrado en el petróleo y el gas tras el aumento de la tensión en Oriente Medio. La reacción ha sido inmediata: un repunte de las expectativas de inflación y una subida de las rentabilidades de la deuda pública a corto plazo. Sin embargo, hay otra variable menos visible que también empieza a enviar señales relevantes, a saber, el coste del transporte marítimo.
Los índices Baltic Dirty Tanker y Baltic Clean Tanker, que reflejan el coste de transportar crudo y productos refinados, han repuntado con fuerza. Y no parece tratarse únicamente de un problema puntual de oferta de buques o de cambios en las rutas comerciales. El mercado parece estar incorporando un mayor riesgo geopolítico en una de las arterias más sensibles del comercio mundial, esto es, el Estrecho de Ormuz. A medida que aumenta la incertidumbre, también lo hacen los costes de aseguramiento de las embarcaciones, las primas de riesgo logísticas y los costes de transporte.
Históricamente, los shocks energéticos rara vez se limitan al precio del crudo. Su impacto suele trasladarse al conjunto de la cadena de valor, afectando al transporte, la distribución, los costes industriales, los precios finales y, finalmente, los márgenes de rentabilidad.
El mercado de bonos parece empezar a descontar este escenario. Las rentabilidades a corto plazo han repuntado, lo que refleja una mayor cautela ante posibles presiones inflacionistas. La renta variable, sin embargo, continúa cerca de máximos históricos, manteniendo una visión mucho más optimista sobre el crecimiento y la capacidad de las empresas para adaptarse a entornos con una mayor presión inflacionaria.
La divergencia entre ambos mercados empieza a ser significativa. Mientras los bonos adoptan un tono más prudente, la bolsa mantiene una visión más optimista sobre la evolución del entorno macroeconómico. Cabe preguntarse, entonces, si la renta variable está ignorando señales que los fletes y el mercado de bonos ya están empezando a reflejar.

