Los incendios que están asolando estos días el suroeste de la Comunidad de Madrid y las comarcas limítrofes de Ávila y Toledo, los peores de nuestra historia, nos enfrentan a una tragedia que va mucho más allá de las hectáreas calcinadas. Es una tragedia humana, medioambiental, social y también económica.
Lo primero, y más importante, es proteger la vida y la integridad de las personas. Por eso quiero comenzar expresando mi reconocimiento y gratitud a todos los que están trabajando, en condiciones extremas, para proteger a nuestros ciudadanos: bomberos forestales, bomberos, agentes forestales, Guardia Civil, Policía, servicios sanitarios, Protección Civil, la Unidad Militar de Emergencias, voluntarios y medios aéreos. Su profesionalidad, valentía, capacidad de sacrificio y compromiso están siendo fundamentales para poner a salvo a miles de personas y proteger viviendas, pueblos y bienes.
Detrás de cada evacuación hay una familia que siente miedo y detrás de cada casa amenazada hay recuerdos, una vida construida durante décadas, una historia familiar. No puedo dejar de pensar en quienes han perdido su vivienda y en la angustia de quienes todavía no saben qué encontrarán cuando puedan regresar.
Quizá lo siento de una manera especialmente intensa porque amo el campo, la montaña y la naturaleza y porque mi propia historia familiar está ligada a la tierra. Mis abuelos hacían aceite y crecí aprendiendo a valorar la tierra, el esfuerzo silencioso de quienes la trabajan y el respeto por un entorno que nos da mucho más de lo que a menudo somos capaces de apreciar. Quizá por eso sé, aunque sea de otra generación y de otra manera, que el campo no es simplemente un paisaje. Es trabajo, esfuerzo, patrimonio, identidad y una forma de entender la vida.
Por eso me duele contemplar cómo se destruyen en unas horas espacios naturales que tardaron décadas, incluso siglos, en construirse. La pérdida medioambiental es incalculable: bosques, fauna, ecosistemas y paisajes que forman parte de nuestro patrimonio común necesitarán muchos años para recuperarse.
La pérdida económica y social
Pero también debemos mirar hacia otra pérdida que puede prolongarse durante mucho tiempo: la económica y social. En estos pueblos, detrás de cada pequeño establecimiento hay una familia, un proyecto vital y puestos de trabajo. Hay bares, restaurantes, alojamientos rurales, comercios, empresas de actividades al aire libre, negocios vinculados al ocio y al turismo, explotaciones agrícolas y ganaderas, y tantos otros pequeños negocios que constituyen el tejido económico de estas comarcas. Algunos han quedado destruidos por las llamas. Otros han tenido que cerrar temporalmente. Muchos sufrirán durante meses la pérdida de clientes, reservas y actividad.
Lo hemos visto estos días con negocios de hostelería que han pasado, en cuestión de horas, de ser lugares de encuentro y actividad económica a quedar arrasados. Y, paradójicamente, también hemos visto cómo muchos de esos mismos empresarios han puesto sus cocinas, sus alimentos y sus recursos al servicio de los damnificados y de quienes están luchando contra el fuego. El caso del sector hostelero de Ávila y Madrid, movilizado para proporcionar miles de comidas a evacuados, voluntarios y equipos de emergencia, es una magnífica muestra de solidaridad y compromiso.
Como empresario, no puedo dejar de pensar en quienes han perdido su negocio. Porque perder una empresa pequeña no significa solamente perder un local, una terraza, una cocina, una maquinaria o una inversión. Significa, en muchos casos, perder el trabajo de toda una vida, los ingresos de una familia y el empleo de trabajadores que dependen de ella. En demasiadas ocasiones hablamos de las pymes en términos estadísticos. Pero detrás de cada una de ellas hay una familia, un proyecto de vida, trabajadores, proveedores y clientes. Hay personas que llevan años levantándose cada mañana para sacar adelante un negocio que no solo genera riqueza, sino que mantiene vivo el territorio y fija población en nuestros municipios.
Y aquí debemos ser muy conscientes de algo: cuando el fuego se apague, el problema no habrá terminado. Comenzará entonces una segunda etapa, menos visible pero decisiva: la reconstrucción. Habrá que recuperar viviendas, infraestructuras, caminos, explotaciones, establecimientos y empresas, habrá que ayudar a quienes han perdido su actividad a volver a abrir, habrá que recuperar el empleo y, sobre todo, habrá que evitar que estos territorios pierdan población y oportunidades durante los próximos años.
La recuperación y el apoyo de la Cámara
La recuperación económica debe formar parte, desde el primer momento, de la respuesta a esta emergencia.
Desde la Cámara de Comercio de Madrid queremos trasladar nuestra solidaridad a todas las personas afectadas y nuestra disposición para colaborar con las administraciones públicas en todo aquello que esté a nuestro alcance. Ya hemos puesto nuestra estructura, nuestros equipos y nuestros recursos a disposición de las instituciones para ayudar a que las ayudas lleguen cuanto antes a las familias, autónomos y empresas que las necesitan y hemos creado Cámara Madrid Contigo, un punto de atención a las empresas afectadas por los incendios para ayudar a reactivar esos negocios.
Porque sabemos hacerlo y porque es nuestra misión. Una de las principales funciones de una Cámara de Comercio es acompañar a las empresas en los momentos difíciles, ayudarles a mantenerse, crecer y generar empleo. Y pocas veces habrá un momento en el que ese acompañamiento sea más necesario.
Hoy nuestra prioridad debe ser apagar el fuego y salvar vidas. Mañana tendremos que ocuparnos de reconstruir lo que las llamas hayan destruido, y ese mañana ya es hoy.
Y no podemos olvidar que reconstruir no será únicamente levantar edificios o reponer instalaciones. Será devolver oportunidades a personas y familias, será recuperar negocios, será proteger empleos, será volver a llenar las plazas, las terrazas, los restaurantes y los pequeños comercios de estos pueblos,… y será conseguir que quienes hoy sienten que lo han perdido todo puedan volver a mirar al futuro.
El fuego puede destruir un paisaje en unas horas. Recuperarlo llevará años. La responsabilidad de todos nosotros será conseguir que también se recupere la vida que había detrás de ese paisaje.
