Varios factores sostienen esta buena dinámica:
En primer lugar, la subida generalizada de los tipos de interés favorece a los bancos a través de sus carteras de bonos o de swaps de tipos, lo que les permite reinvertir («roller») a niveles más altos y generar ingresos por intereses adicionales. Estos benefician al «Net Interest Income» (NII), independientemente de la actividad comercial con la clientela.
Por otra parte, el crecimiento de los volúmenes de préstamos se acelera en todos los países europeos, impulsado principalmente por la demanda de las empresas para financiar sus inversiones (ciclo de capex). El crédito a hogares sigue la misma tendencia.
Por último, dado que los ratios de endeudamiento del sector privado (apalancamiento financiero de empresas y hogares) se mantienen en niveles históricamente bajos desde hace casi dos décadas, el crecimiento de los volúmenes de crédito sigue siendo sólido y no afecta a la calidad de los activos de los bancos, que continúan presentando un bajo coste del riesgo (provisiones para pérdidas por créditos).
Todos estos elementos, en su conjunto, justifican esta mejora continua de los beneficios del sector.
