La aritmética: condición necesaria pero insuficiente
En el Congreso español, una moción de censura exige mayoría absoluta, es decir, al menos 176 diputados.
El Partido Popular, incluso sumando a Vox, no alcanza esa cifra, por lo que necesita obligatoriamente el respaldo de terceros actores, en especial PNV (5 escaños) y Junts (7).
Este hecho convierte a ambas formaciones en bisagras decisivas, pero también en actores con alto poder de veto. La paradoja es evidente: la operación solo es viable si quienes sostienen al Gobierno aceptan derribarlo.
La estrategia de Feijóo: la “moción instrumental”
El líder del PP plantea una fórmula singular: una moción de censura “instrumental”, cuyo objetivo no sería gobernar, sino convocar elecciones inmediatas.
Este planteamiento tiene dos objetivos tácticos:
• Neutralizar el rechazo a Vox, asegurando que no formaría parte de un eventual Gobierno transitorio.
• Ofrecer una salida “limpia” a PNV y Junts, evitando su integración en una alternativa ideológica al PSOE.
Sin embargo, el encaje constitucional es más complejo de lo que sugiere el relato político. La moción en España es constructiva: no sirve para “convocar elecciones” directamente, sino para investir automáticamente a un nuevo presidente.
Eso obliga a estos partidos a asumir —aunque sea temporalmente— la investidura de un presidente del PP, lo que tiene un coste político elevado.
El principal obstáculo: la lógica política de PNV y Junts
Las reticencias de PNV y Junts son estructurales, no coyunturales.
• Ambos partidos han sostenido la investidura de Pedro Sánchez mediante acuerdos políticos concretos (financiación, competencias, agenda territorial).
• Mantienen una distancia ideológica relevante con el PP, agravada por conflictos previos y líneas rojas políticas.
• Rechazan aparecer alineados con Vox, incluso si este quedara fuera del Gobierno.
Además, su posición pública actual es clara:
piden elecciones anticipadas, pero prefieren que las convoque el propio Gobierno antes que provocar una moción de censura.
Ese matiz es clave: quieren el resultado (elecciones), pero no el instrumento (censura con el PP).
Los incentivos: riesgos frente a beneficios
Apoyar una moción liderada por Feijóo implicaría para PNV y Junts varios riesgos:
• Coste electoral interno: especialmente en Cataluña, donde un acercamiento al PP podría penalizar a Junts.
• Pérdida de capacidad negociadora: pasarían de socios de un Gobierno minoritario a facilitadores de un cambio incierto.
• Impacto territorial: el PNV, por ejemplo, depende de equilibrios institucionales también en Euskadi.
Frente a estos riesgos, los beneficios son difusos: la promesa de elecciones no garantiza un escenario mejor tras los comicios.
La función real de la propuesta
Más que una opción inmediata de gobierno, la iniciativa cumple una función política clara:
• Aumentar la presión sobre los socios del Ejecutivo, obligándoles a justificar su continuidad en el apoyo al Gobierno.
• Desgastar públicamente a PNV y Junts, presentando una contradicción entre pedir elecciones y no facilitar una moción.
• Refuerza el relato de alternativa, sin asumir el riesgo de una moción fallida (que reforzaría al Ejecutivo).
De hecho, el propio Feijóo ha dejado claro que no dará el paso sin tener los votos asegurados.
En términos estrictamente políticos, la probabilidad de una moción de censura exitosa en este formato es baja.
• La aritmética exige a PNV y Junts dar un salto que hoy no están dispuestos a asumir.
• Los costes políticos para ellos superan los beneficios potenciales.
• Y el diseño constitucional dificulta la idea de una censura meramente “instrumental”.
No obstante, como herramienta de presión narrativa, la jugada es eficaz: sitúa a los socios del Gobierno en una posición incómoda y mantiene abierto el debate sobre el adelanto electoral.
En suma, la moción no es hoy un escenario probable, pero sí un elemento clave en la batalla política por el relato y el desgaste.
