Según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), el sector aportó 257.500 millones de euros al PIB en 2025, equivalentes al 15,3% de la economía nacional, y sostuvo 3,17 millones de empleos, el 14,2% del total.
Las previsiones apuntan a un peso aún mayor. Para 2036, el turismo podría generar 322.700 millones de euros, elevando su contribución al 16,6% del PIB, y alcanzar los 3,9 millones de empleos, unos 700.000 más que en la actualidad.
El crecimiento estará impulsado principalmente por el visitante internacional. El gasto de los turistas extranjeros podría aumentar desde 121.100 millones de euros en 2026 hasta 145.300 millones en 2036, mientras que las llegadas internacionales rozarían los 144 millones. El turismo de ocio seguirá dominando, aunque los viajes de negocios crecerán a un ritmo superior.
Sin embargo, el auge del sector también intensifica sus efectos secundarios. La presión sobre la vivienda, la masificación y los conflictos con la población local han llevado a varias administraciones a intervenir. Barcelona eliminará las viviendas turísticas en 2028 para recuperar parte del parque residencial, mientras Málaga ha aprobado una moratoria a nuevos hoteles y apartamentos turísticos en determinadas zonas.
La situación es especialmente visible en Baleares, donde más de 19 millones de visitantes conviven con una población de apenas 1,2 millones de habitantes, alimentando el debate sobre los límites del modelo turístico.
En paralelo, España continúa reforzando su especialización en los servicios mientras pierde peso industrial. Todo apunta a que esta tendencia continuará durante la próxima década, consolidando al turismo como uno de los principales motores económicos del país, pero también como una de sus mayores fuentes de desafíos sociales y territoriales.

