Ante la incertidumbre económica, Collins defendió una política monetaria flexible, aunque insistió en que mantener el actual rango de los fondos federales exige pruebas continuas de que la inflación sigue descendiendo. De lo contrario, advirtió, aumentará el riesgo de que persistan presiones inflacionarias, incluido un comportamiento empresarial de fijación de precios incompatible con una inflación del 2%.
La dirigente mostró especial preocupación porque la inflación lleva más de cinco años por encima del objetivo de la Fed, pese a la estabilidad del mercado laboral. Antes del simposio de Jackson Hole, subrayó que seguirá atentamente indicadores clave para confirmar una vuelta sostenida al 2%.
Su escenario central contempla aumentos arancelarios limitados y una mayor normalización del estrecho de Ormuz. En ese contexto, el impacto de tarifas anteriores debería haberse disipado en gran medida y los elevados costes energéticos empezar a moderarse.
Collins identificó tres factores favorables para la desinflación: un mercado laboral equilibrado y una economía creciendo cerca de su tendencia; una política monetaria moderadamente restrictiva, reforzada por tipos de largo plazo más altos; y un sólido crecimiento de la productividad, capaz de aliviar las presiones sobre los precios.
Aunque los datos de inflación de junio y julio fueron alentadores, recordó que las cifras mensuales son volátiles y que será necesario analizar los próximos datos para confirmar la trayectoria descendente de la inflación subyacente.

