De los 22 países comunitarios con salario mínimo nacional, España ocupa el tercer puesto por la cola, solo por delante de Francia (1,2%) y Luxemburgo (2,5%). Los mayores incrementos se registraron en Hungría (18,6%), Eslovenia (16%), Bulgaria (12,6%), Eslovaquia (12,1%), República Checa (11,9%) y Lituania (11,1%). También destacan las subidas en Alemania (8,4%), Chipre (8,8%) y Croacia (8,2%).
Pese a ello, España mantiene uno de los salarios mínimos más altos del bloque. Los 1.425 euros brutos mensuales en 12 pagas sitúan al país en octava posición dentro de la UE. Sin embargo, varios Estados con salarios mínimos superiores también aplicaron aumentos más elevados.
El estudio subraya que la evolución del SMI ha estado marcada por la lucha contra la inflación. Aunque en 2025 el salario mínimo ganó poder adquisitivo en casi toda la UE, España se encuentra entre los países donde esa mejora fue más limitada.
Por otro lado, el salario mínimo español soporta una de las cargas fiscales más reducidas de Europa, ya que no tributa por IRPF y solo está sujeto a cotizaciones sociales. Solo Malta, Bélgica y Luxemburgo aplican una presión fiscal menor.
A largo plazo, la situación cambia. En la última década, el SMI español ha aumentado más de un 40% en términos reales, convirtiéndose en el décimo que más ha crecido de la UE. Este avance ha elevado su peso en el mercado laboral: en 2023, el 10% de los trabajadores cobraba el salario mínimo, frente a algo más del 4% en 2015.
Además, el SMI español ya equivale al 50% del salario mediano, una de las proporciones más altas de Europa, lo que refleja que su crecimiento ha sido superior al de los salarios del conjunto de los trabajadores.
