El índice PMI se situó en 57,8 puntos, su segundo mejor registro en casi tres años y medio, reflejando una expansión sólida de la actividad y de los nuevos pedidos.
Las empresas destacaron que el mercado interno sigue siendo el principal motor del crecimiento, mientras que la demanda exterior avanzó a un ritmo más moderado debido a la incertidumbre geopolítica.
El empleo continuó creciendo por cuarto año consecutivo, aunque con menor intensidad. Algunas compañías optaron por no reemplazar vacantes y mostraron mayor cautela ante un entorno económico todavía incierto. Esta moderación también se reflejó en la confianza empresarial, que cayó a su nivel más bajo de los últimos tres meses.
Por otra parte, aumentaron los pedidos pendientes de ejecución, señal de una mayor presión sobre la capacidad productiva. Los costes operativos siguieron al alza, impulsados sobre todo por el encarecimiento de la energía, los combustibles y los salarios, aunque la inflación de costes fue la más moderada del año.
Ante la fortaleza de la demanda, las empresas trasladaron parte de esos mayores gastos a sus clientes mediante subidas de precios. Además, algunas compañías señalaron que están apostando por nuevas tecnologías para mejorar la productividad y contener el aumento de los costes laborales.
