Sin embargo, la economía nacional va perdiendo parte de la inercia que había cogido en los últimos años. El sector exterior ha dejado de aportar al crecimiento, mientras que la demanda interna se enfrenta a nuevos obstáculos producto del encarecimiento de la energía y del endurecimiento de las condiciones financieras en la eurozona. Aunque la situación ‘macro’ sigue siendo positiva, este nuevo escenario ya ha llevado a que JP Morgan, el mayor banco de inversión del mundo, rebaje las previsiones para España dos veces en menos de un mes.
El cierre del Estrecho de Ormuz ha disparado el precio del barril de petróleo Brent hasta los 100 dólares. Al mismo tiempo, el sector exterior español ya venía presentando un comportamiento relativamente débil en los últimos trimestres. Las exportaciones se han ralentizado, mientras que las importaciones siguen aumentando a buen ritmo, lo que ha llevado a que el sector exterior deje de contribuir de forma positiva al crecimiento. Todo depende de una demanda interna que también se enfrenta al señalado encarecimiento de la energía, un menor crecimiento del empleo y la previsible subida de los tipos de interés en la eurozona.
Con estos ingredientes, la cascada de recortes en las previsiones no se ha hecho esperar, siendo la última la de JP Morgan, que está semana ha recortado otra décima el crecimiento del PIB para este año tras haberlo recortado ya en su primer boletín de mayo.
Es cierto que las rebajas han sido pequeñas y han venido acompañadas de recortes similares en las otras ‘potencias’ europeas, pero no deja de ser llamativo que JP Morgan haya tenido que recular dos veces en menos de un mes. La economía crecerá un 2,2% en 2026 y un 1,6% en 2027, una tasa que se desacelera ya hasta niveles cercanos a la previsión para Alemania, que se sitúa para ese año en un 1,4%.
El primer recorte llegó en su boletín del 1 de mayo, rebajando el crecimiento para este año una sola décima, desde el 2,4% hasta el 2,3%. Pese a todo, el banco americano seguía destacando que el PIB de España mantenía la fortaleza relativa con la zona euro, además de argumentar que la demanda interna seguía presentando buenos fundamentales para avanzar ante el crecimiento de las ventas minoristas. Poco después, en el boletín del 22 de mayo, el recorte fue algo más doloroso, puesto que JP Morgan redujo el crecimiento para 2026 otra décima, hasta el 2,2%, mientras que para 2027 también lo recortó hasta el 1,6%. En este boletín desaparecieron las menciones a la fortaleza de la economía nacional, aunque la panorámica no había cambiado sobremanera.
No solo JP Morgan. Que la economía española pierde ritmo es algo previsto por casi todas las casas de análisis. Según las últimas previsiones de Funcas, el PIB crecerá un 2,2% en 2026, dos décimas menos de lo previsto anteriormente, debido sobre todo a la pérdida de impulso de la demanda interna. El consumo de los hogares se verá afectado por la inflación importada, que está erosionando el poder adquisitivo de las familias, mientras que la inversión empresarial se frena por la elevada incertidumbre internacional y las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra en Oriente Medio. A ello se suma el impacto de las disrupciones en las cadenas de suministro y el encarecimiento de la energía, factores que amenazan con deteriorar todavía más la actividad económica en los próximos trimestres. Aunque el turismo sigue actuando como uno de los grandes soportes de la economía española gracias al desvío de viajeros hacia destinos considerados más seguros como España, desde Funcas advierten de que el aumento de los costes del transporte aéreo y la cancelación de vuelos podrían limitar el gasto turístico y reducir la llegada de visitantes de larga distancia.
Tras la ralentización o congelación de la demanda externa, el riesgo de un petróleo caro, junto a unos tipos de interés más altos, es que el otro motor de la economía, la demanda interna (el que no ha fallado en los últimos años), comience a perder impulso. Ello coincidiría además con otro agravante como el menor dinamismo del mercado laboral, donde la creación de empleo se está ralentizando y los salarios nominales empiezan a crecer algo más despacio. Pese a todo, la economía de España sigue siendo la más fuerte en términos de crecimiento y creación de empleo de las grandes de la zona euro.
